Broad Peak

La semana anterior Antonio Rosique, notable comunicador en radio y TV, autor del libro El día de mi vida, que presenta narraciones ilustrativas de los campeones olímpicos, me invitó a dar una opinión acerca de la película sobre el montañista Maciej Berbeka, en ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

La semana anterior Antonio Rosique, notable comunicador en radio y TV, autor del libro El día de mi vida, que presenta narraciones ilustrativas de los campeones olímpicos, me invitó a dar una opinión acerca de la película sobre el montañista Maciej Berbeka, en su programa de Radio Fórmula. Broad Peak es la 12ª montaña más alta del planeta con sus 8,051 m. de altura. Se localiza en Pakistán, en la región del Karakórum. La película es un canto al esfuerzo, a la lucha, al valor, a la audacia del hombre; testimonio de lo hermoso y cruel de la naturaleza. En el drama se presenta fugazmente lo majestuoso de las inmensas catedrales de roca y nieve que, hace 50 millones de años, brotaron del fondo del mar de Tetis como consecuencia de la colisión entre India y Asia.

La vida y muerte de Maciej Berbeka toca y proyecta matices morales, éticos, de reflexión sobre la toma de decisiones, con diferentes percepciones que pueden establecer un puente de cristal, acero y diamante en la reflexión. La trama sintetizada es la siguiente. En su primer ascenso, dramático, durante una violenta tormenta de agua y nieve, cree y le hacen creer que alcanzó la cima. Lo rescatan congelado de los pies. Al regresar a Polonia se entera por los medios de comunicación que, en realidad, quedó a 17 metros de la cumbre. El jefe de la expedición lo engañó para que salvara la vida. Maciej se enfurece y se traga su frustración de lo que pudo haber sido y no fue. 25 años más tarde lo invitan a intentar de nuevo la cumbre con tres jóvenes poloneses. El desafío lo atrae. Lo acepta y la ¡conquista! A su regreso muere con uno de sus compañeros.

El montañismo es una actividad de alto riesgo mortal, cuya concepción e ideas han cambiado conforme las épocas y sociedad. Ha sido conquista, reto, lucha del hombre contra la naturaleza, integración con la montaña; el éxito, se afirma, no es sólo subir, sino regresar con vida. Lo real es que nadie sube con la idea de morir. ¿Por qué escalar?, le preguntaron a George Mallory: Porque está allí, dijo apuntando al Everest. El llamado de la montaña toca a unos cuantos. Y para un puñado el destino es un hermoso sepulcro blanco en lo que eran nieves eternas.

Berbeka, como algunos que no regresaron, el famoso Jerzy Kukuczka; o los franceses Maurice Herzog y Louis Lachenal, que llevaron un médico en su expedición con la certeza de que iban a sufrir la amputación de los dedos de las manos y de los pies, en el primer ascenso al Annapurna, en 1951 — decisión que no es comprendida ni entendida por la mayoría de las personas—, fue un héroe de gran valor con la experiencia de haber cumbreado el Manaslu, Cho Oyu, Annapurna, Everest. Héroe, hombre de arrojo, aunque no por menos conocido, como fueron Magallanes, el capitán Scott, el poeta Byron, el matemático Gallois o la tripulación del Challenger.

Su decisión fue meditada. Pulsó a la edad de 59 años, todas las perspectivas. Se preparó, planificó y acudió por última vez al llamado de la montaña y a su destino.

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