Las barbas a remojar

No existe entre los antropólogos, pensadores, filósofos, siquiatras, el argumento unívoco o punto de coincidencia de las razones por las que la violencia ejerce fascinación, desde tiempos inmemoriales, en el hombre y la mujer. El alemán Georg Simmel sostiene que en ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

No existe entre los antropólogos, pensadores, filósofos, siquiatras, el argumento unívoco o punto de coincidencia de las razones por las que la violencia ejerce fascinación, desde tiempos inmemoriales, en el hombre y la mujer.

El alemán Georg Simmel sostiene que en la mente humana, en su naturaleza, está impreso el instinto y la necesidad de pelear, odiar, luchar. El siquiatra Luis Rojas expresa que, en el fondo, “la crueldad de los animales es un mito, mientras que la del ser humano es una realidad”; subraya que la violencia, como el poder más primitivo para hacer daño, se aprende en los primeros años de vida, en el hogar, en el entorno. Posición similar a la que consideraba el pedagogo Juan Jacobo Rousseau en el siglo XVIII.

Se remueve en los últimos meses, años, como expresión de época e ideas, el acoso sexual en la mujer, como si no existiera, con caracteres terriblemente violentos el acoso de la mujer en el hombre. El tema ya lo tocaron Eurípides, Racine, Séneca, en el mito de Fedra. O de violencia, con Medea, Electra.

Asistimos a un fenómeno de carácter casi universal. Rebrota algo conocido en nuestro deporte. La exclavadista Macarena Alexanderson citó hace un par de días en el plano doméstico el acoso que sufrió del entrenador Francisco Rueda, que viene a ser, tal vez en otra escala, la versión vernácula del doctor Larry Nassar, del equipo de gimnasia en Estados Unidos. Muchos padres entregaron en confianza a sus hijas y éste traicionó los valores de la sociedad y las relaciones humanas. Al descubrirse el engaño en función a su abuso de poder se produjo la reacción de indignación. Nassar ha sido sancionado con cárcel por más de 150 años. Revivir algunos episodios es harto complejo. Cuando Javier Careaga Tagüeña, presidente de la FM Natación, actuó con honestidad, firmeza, valentía, y sancionó a FR, no recibió el respaldo de la sociedad. ¡Se vio en problemas!

Especialistas afirman que el acoso sexual se produce en situaciones de jerarquía-poder. Entrenador, dirigente, profesor-alumna (atletismo, natación, futbol, béisbol, toros), en algunas relaciones gravita el cartel de la posición o el interés económico; patrón, empresario-trabajadora, empleada doméstica, médico, sicólogo, ginecólogo, siquiatra-paciente, director-artista, en todos los campos incluyendo el político, científico, religioso que durante tantos años se trató de mantener en secreto.

En el deporte y en muchos otros escenarios se puso al lobo a cuidar a las ovejas. Y el corral se renovaba en forma periódica.

Cuántas versiones y evidencias se tuvieron en épocas en las que no se hacían denuncias. Las personas, cuestión de épocas, no se atrevían a delatar; se arriesgaban al estigma, al rechazo social, al deterioro moral, así como en algunos sectores, en el religioso, por ejemplo, a la incredulidad. El acoso o violación se ocultaba. No trascendía a la luz pública. El depredador se mantenía en la impunidad y la presa en la oscuridad, sola y a rumiar su pena, moral, física, económica.

En esta corriente que se generaliza en el mundo al través de las redes sociales hay un punto de interés en cuanto a la esfera deportiva. Igual podrá suceder en otros campos. ¿Cuántos más entrenadores, dirigentes serán denunciados, y si van y deben ser investigados y castigados? Desde otro ángulo, la perspectiva de que el fenómeno se convierta en epidemia. Y si en nuestro ámbito se va a sancionar con el rigor que ya se hace en otros países. Mientras, se le dice al lobo, cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar.

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