Cuatro revalidan oro

Los 100 y los 400 m planos son pruebas de rapidez, pero hay tanta diferencia entre una y otra como en los 5,000 y 10,000 m lisos que pertenecen al fondo. En Londres, el inglés Mo Farah exhibió, entre una y otra, dos formas diferentes de lucha. En los 10,000 m hizo un poco ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Los 100 y los 400 m planos son pruebas de rapidez, pero hay tanta diferencia entre una y otra como en los 5,000 y 10,000 m lisos que pertenecen al fondo. En Londres, el inglés Mo Farah exhibió, entre una y otra, dos formas diferentes de lucha. En los 10,000 m hizo un poco de ostentación al colocarse en el último lugar en un par de vueltas, en cambio, en los 5,000 m se lanzó desde el principio a los primeros lugares. La razón acaso estribe en que esta temporada no fue capaz de cruzar los 13 minutos en las 12 vueltas y media a la elipse. El 27 de mayo marcó 13.00.70, al triunfar en el estadio Hayward Field, de Eugene, mientras que el etíope Edris Muktar, de poderosa velocidad terminal, cronometró 12.55.23 el 6 de julio en Lausana.

Se podría hacer un paralelismo con los cronos de Coleman, 9.82, y Bolt, 9.95, antes de que llegaran al Mundial de Londres. Los índices en los deportes de marcas no representan la abscisa y la ordenada, pero son una referencia muy importante.

Muktar Edris superó a Farah al correr en forma impresionante el último 400 en un 52 bajo.

En la competencia deportiva de elite, como lo hemos expresado y reiteramos, para ganar no es suficiente ser el mejor ni el más fuerte ni el más rápido ni el más audaz. Muchas veces ni siquiera depende de la voluntad de vencer, porque, esquemáticamente, en el atletismo de pista, con mayor claridad en 800 y 1,500 m a 10,000, se enfrentan atletas de gran capacidad resistencial con otros de mayor velocidad terminal. Si la carrera es rápida, favorece a los atletas resistenciales. Y si es lenta, la victoria la decide el que posea mayor velocidad terminal.

En una competencia intervienen una complejidad de variables, como puede ser el viento, el frío, la humedad, la relación sicológica del atleta con las personas que lo rodean. Pero por encima de todo, la ferocidad de la competencia y la forma atlética. Un Campeonato Mundial o unos Juegos Olímpicos no sólo son una lucha individual o colectiva sino, además, una competencia de sistemas de preparación técnica, acondicionamiento físico, la ciencia al servicio de la elite.

Londres no fue un campeonato mundial de marcas, acaso porque es año postolímpico y por la influencia del frío.

Usain Bolt, el astro de Jamaica, concluyó con una presea de bronce en 100 m. Su declinación obedece, tal vez, más que al cumplimiento de un ciclo, puesto que perdió ante un hombre de mayor edad que él, 35 de Gatlin contra 31 de él, a que su mente está puesta en otra parte. Sorprendente que Jamaica haya sido borrada del podio, aunque con un oro de Omar McLeod en los 110 con vallas.

A veces se entintan deseos sin ningún sustento técnico. Como esperar que Wayde van Niekerk ataque el muro de los 43 segundos. Esta temporada, su mejor crono lo hizo en Mónaco, el 21 de julio en 43.73.

Pero, más que esto, con frecuencia se olvida el sentido tan complejo y difícil de la lucha. En un comparativo de los ganadores del oro en el Mundial de Moscú 2013 con el Mundial de Beijing 2015, sólo cinco atletas en siete pruebas repitieron la victoria en las 22 pruebas individuales. Y son atletas extra clase como Usain Bolt, en 100 y 200 m; Asbel Kiprop, de Kenia, en los 1,500 m; el inglés Mo Farah, en 5 y 10 mil m; el keniano Ezekiel Kemboi, en 3,000 m steeplechase, y el lanzador de martillo polonés Pawel Fajdek.

En Londres 2017, en relación con Beijing, ¡qué difícil!, sólo cuatro revalidaron título: Van Niekerk en 400, Farah en 10,000, Christian Taylor en longitud y Fajdek en martillo. Una reverencia de respeto y admiración.

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