Tiempo de prevenir y repeler
En la década de los 60 se creaba e inventaba una nueva sociedad como ahora en la segunda década del segundo milenio se manifiesta una nueva expresión con todos los signos y simbología que acompañan desde siempre al hombre. En la lejanía del tiempo parecerá algo con ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
En la década de los 60 se creaba e inventaba una nueva sociedad como ahora en la segunda década del segundo milenio se manifiesta una nueva expresión con todos los signos y simbología que acompañan desde siempre al hombre.
En la lejanía del tiempo parecerá algo con ribetes de añoranza citar situaciones que difícilmente volverán a repetirse como, por ejemplo, cuando los comunicadores nacionales podían acompañar a los deportistas que se disponían a viajar a los Juegos Olímpicos de Múnich u otros certámenes anteriores, y los fotógrafos tomar la foto del recuerdo, no sólo en la pista, cerca de las alas del avión, sino ascender por la escalerilla metálica y continuar la entrevista dentro de la cabina de la nave.
Aunque en México ya había ocurrido un atentado aéreo, era impensable siquiera barruntar un acontecimiento de violencia con el marbete de terrorismo en el país o en el extranjero. Pero el mundo gira y cambia a cada instante. Sólo resta adaptarse a las circunstancias.
Con el doping convertido en una llaga viva, supurante, en la sociedad deportiva imposible de curar, se cierne otro problema aún más complejo en la esfera del deporte como lo es el acto terrorista en los escenarios agonales. Ya se produjo en Múnich 72 un hecho sangriento con Septiembre Negro, con otro tipo de interpretación violenta y política que transformó la Villa de Montreal 76 en un búnker con una atmósfera diferente en la historia de la fiesta olímpica.
Desfilan imágenes sobre la conducta humana —algunos sociólogos estiman que el estudio y análisis del deporte es un estudio sobre la sociedad y el hombre— con la noticia que se recibe de Washington en relación con el veredicto de culpabilidad que emite un jurado, formado por cinco hombres y siete mujeres, sobre Dzhokhar Tsarnaev, de 21 años, una de las dos personas que hicieron estallar bombas caseras el 15 de abril de 2013, durante la celebración del maratón de Boston, y causaron la muerte de tres personas, entre ellas un menor de edad, y 264 heridos. El otro fue su hermano Tamerlan, que cayó muerto tras una cacería implacable de los agentes de seguridad. A Dzhokhar le espera la muerte o cadena perpetua.
Las dos bombas estallaron en Boylston Street, muy cerca de la meta en Copley Square, una hora después de que la policía y agentes de seguridad habían realizado un minucioso recorrido en busca de aparatos explosivos y de posibles terroristas, lo que refleja en forma diáfana la enorme dificultad de prevenir actos de esta naturaleza.
(El próximo 20 de abril se realizará la 119 edición del maratón de Boston, el más longevo después del que se realiza en los Juegos Olímpicos.)
Los cambios en la conducta humana movidos por los hilos conductores en el que confluyen conflictos del orden político, social, religioso, económico, en diversas partes del mundo, y de la maldad humana plantean serios problemas a la esfera deportiva, a los principales escenarios como pueden ser los Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales diversos y competencias de menor dimensión.
Precisamente porque la conducta humana es de lo más compleja e imprevisible —no todos, como Ismael, tienen vivencial y filosóficamente al mar de sustituto de la pistola y la bala— y porque vivimos en un tiempo de acelerada tecnología, época de drones y de armas más potentes, sofisticadas, organizaciones como el Comité Olímpico Internacional y los gobiernos tienen planteado un desafío difícil, como es el de combatir e intentar estar atentos, prevenir y repeler la conducta irracional, oscura, cruel, de maldad del hombre en las vitrinas del deporte que, por su contenido noble, son vulnerables.