Maestros de pintura en escuela de ciegos

…Tantas veces me sonrojé de haberlo conocido,que tengo ya el rostro de bronce. Gloucester. El Rey Lear. El 11 de abril de 2001, la oncena de Australia aplastó a la de Samoa Americana por 31 goles contra 0 en partido oficial durante la eliminatoria del Campeonato ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

…Tantas veces me sonrojé de haberlo conocido,

 que tengo ya el rostro de bronce.

Gloucester. El Rey Lear.

El 11 de abril de 2001, la oncena de Australia aplastó a la de Samoa Americana por 31 goles contra 0 en partido oficial durante la eliminatoria del Campeonato Mundial de Futbol Corea del Sur-Japón. El encuentro se celebró en el International Sports Stadium de Coffs Harbour en las antípodas y el ariete Archie Thompson anotó 13 goles y a la fecha a nadie en su sano juicio —excepto que esté amarrado dentro de una camisa de fuerza, recibiendo baños de agua fría descargas eléctricas y golpes de badajo, por debajo de la silla, y resistiéndolos con el estoicismo y la valentía espartana-inglesa de un James Bond— se le ha ocurrido compararlo con el francés Just Fontaine, que perforó la red en 13 ocasiones en el Mundial de Suecia en 1958, y menos con la aristocracia futbolera de Cristiano Ronaldo o Pelé. Ahí permanecen los datos estadísticos de Thompson como un mamut congelado, de alargada pelambre gris y colmillos retorcidos, en alguna apartada región de la Antártida y, cuando el sobrecalentamiento lo descongele, desaparecerá junto con los pingüinos...

La naturaleza subjetiva del futbol, combinada con la humana, arroja con frecuencia un abanico de abigarradas frases que desternillan de risa, conmiseración, rechazo, repulsión; frases que se arrojan desvergonzada, frívola y cínicamente al lomo de la borregada; candidez y ausencia de cultura deportiva, y de la otra también.

Se produce porque a nuestro pueblo no se le quiere enseñar a apreciar el deporte, sino lo insulso, lo banal, lo superficial, sin que llegue no más allá de la profundidad subcuticular y el raspado de garganta.

Frases gastadas, troqueladas, que se repiten una y otra vez y que forman una montaña de mentiras, de basura, falsedades, irracionalidad, soberbia, tontera, superstición y demás yerbas. Una montaña que crece, como el Everest, en altura y volumen, cada cuatro años.

Al regresar de Sudáfrica, Manuel Lapuente pontificó sin asomo de rubor: México demostró en el Mundial que está en técnica, estrategia, condición física y clase, a la altura de los mejores del planeta.

En esa inercia de lógica portentosa y ensoñación quimérica, clarificó: ¡Lo único que nos falta es ganar los últimos cuatro partidos! Ah.

Sólo eso y nada más, como en The Raven. Sólo eso y nada más: octavos, cuartos, semifinal y final.

Y hace un par de días, Miguel Herrera, al prometer traer La Copa, expresó: “Hay 32 selecciones con las mismas posibilidades de éxito”. Hummm, ni siquiera dos gotas de agua son iguales; entre el decir y el hacer existe un profundo abismo. Antecedentes y estadísticas indican con precisión que el Tri ni tiene clase ni es confiable. Herrera ni está en su papel ni lo invaden el optimismo ni el ultranacionalismo. Las frases son parte del color folclórico que nacen a la sombra de los grandes platanares.

En el futbol de México se habla con la lengua del dogma y el engaño que dicta el mercado, sin que el par lo sospeche.

Con los argumentos de Lapuente y Herrera y los 32 centros deportivos que van a ser edificados con la espejeante dirección de Jorge Valdano, ¡32 elefantitos blancos!, México será campeón no sólo de futbol, sino en todos los deportes olímpicos.

Lapuente y Herrera, junto con alguno que otro comunicador de futbol, dan la impresión de ser brillantes maestros de pintura en escuela de ciegos.

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