Zanes

Así como está gran parte del mundo con la carreta al frente y los bueyes empujando desde atrás, no sería remoto y nos viene la frase de Terencio: “Nada humano me es ajeno” que Pistorius fuese canonizado, sin que importe si es inocente o culpable. Ya el abogado ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Así como está gran parte del mundo con la carreta al frente y los bueyes empujando desde atrás, no sería remoto —y nos viene la frase de Terencio: “Nada humano me es ajeno”— que Pistorius fuese canonizado, sin que importe si es inocente o culpable. Ya el abogado defensor le señaló a una de las testigos oculares que podía estar equivocada (dicen que cuando el marido, en compañía de su amante, en la cama, fueron sorprendidos in fraganti por la señora esposa, le expresó con aires de indignación: “¡Qué, no seas tonta, ni te enfurezcas! ¿Le vas a creer más a tus ojos que a lo que yo te digo… estás totalmente equivocada?”

En Olimpia, en la calzada principal hacia el estadio, había varias estatuas alineadas en ambos costados con el nombre inscrito del deportista, el de su patria y las razones por las que se erigía el monumento. Lo informan los historiadores Tucídides y Heródoto.

Las figuras recibían el nombre de zanes. Representaban un testimonio al dios Zeus, con el que se exhibía al atleta que infringía las reglas del juego, ya fuese por corrupción, por trampa, por soborno, por alterar las reglas de la competencia. A los infractores del deporte se les imponían castigos de carácter político, económico, corporal.

Por ejemplo, al atleta que se adelantase en la salida, el mastigáforo le daba varios latigazos en la espalda. Un “para que se eduque” y no haga trampas ni retrase la competencia ni rompa la igualdad en las condiciones de lucha.

Al que se dejaba sobornar para que otro ganara la competencia se le expulsaba de los Juegos Olímpicos y se le obligaba a pagar con su propio dinero el valor de la estatua que lo exhibía como corrupto. Que él tuviese conciencia de lo vergonzoso de su acción y la sociedad de Olimpia, de Atenas, de Grecia y de su patria no olvidasen qué clase de alimaña moral se había hecho pasar por deportista.

A los azotes seguramente la sociedad actual se opondría por aquello de los derechos humanos, pero, si se hiciese un consenso para edificar estatuas cerca del estadio olímpico o cerca del Museo de Lausana... Tampoco se sugiere con la severidad de Areopagita de los antiguos helenos que se les castigue con dinero de su bolsillo; sobrarían mecenas de espíritu de lo más generoso y que con su sentido artístico harían esculturas en mármol, y los más modestos formarían colas con el fin de cooperar con su óbolo.

Quién sabe qué resulte más vergonzoso: que la Real Federación Española de Atletismo (RFEA) exculpe a Marta Domínguez, medalla de oro en tres mil steeplechase en el Mundial de 2009, o que la Cámara de Diputados permita ejercer al ex campeón olímpico Felipe Muñoz, que fuese sancionado por la Secretaría de la Función Pública por no comprobar gastos cercanos a los cinco millones de pesos.

El culebrón de la senadora Domínguez viene de tiempo atrás. Los medios de comunicación de España levantaron montañas de estridente información. Operación Galgo, bolsas de sangre, el nombre de Urco relacionado con la atleta, el doctor Eufemiano Fuentes, detenciones, un suicidio.

Odriozola, titular de la RFEA, no cree en la base científica del pasaporte biológico. Cuando los valores sanguíneos exceden, se considera dopaje. Ella cruzó el umbral justo en sus triunfos. La IAAF solicita sanción de cuatro años y recurrirá al TAS. El Consejo Superior de Deportes de España apoya las decisiones de la IAAF. Por ahora nada por aquí ni nada por allá. ¡Usted qué opina?

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