La FINA confunde gastronomía con canibalismo

Séneca decía que no es el freno de oro lo que hace mejor al caballo. La frase entra por un oído y sale por el otro. Vivimos en una sociedad de despilfarro y relumbrón. Foros, conferencias, proliferación de competencias internacionales, sin que estén acorde con algún ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Séneca decía que no es el freno de oro lo que hace mejor al caballo. La frase entra por un oído y sale por el otro. Vivimos en una sociedad de despilfarro y relumbrón.

Foros, conferencias, proliferación de competencias internacionales, sin que estén acorde con algún programa deportivo y que sólo reflejan en esencia la irresponsabilidad de los legislativos al aprobar tan grandes recursos económicos al deporte.

El despilfarro y la imprevisión forman parte de la cultura de nuestra sociedad; se da en el deporte y en otras áreas. Intentos fallidos en los que se gastan millones de pesos y de dólares, y por anticipado se sabe que no van a funcionar. Y no se trata de otra piedra, sino de la misma. Y es uno tras otro.

Recuerdan ustedes la cuantiosa cantidad que le pagó Marcelo Ebrard al exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, con el fin de acabar con la violencia, de bajar el índice de criminalidad. Tolerancia cero, dijo, más o menos, y se fue. Al dinero le salieron alas y la violencia se quedó. O qué decir de la experiencia de Jorge Vergara en el Guadalajara con Johan Cruyff...esterilidad.

¿Con qué finalidad se están trayendo al país tantas competencias? Casi es un mercado persa, con dirigentes que vienen a endulzarle el oído a sus colegas locales. De súbito, en el medio acuático nacional aparece la necesidad de popularizar el waterpolo cuando lo han tenido sin respiración, hundido bajo el agua, desde hace años.  

México recibió la sede del Campeonato Mundial de Natación por parte de la FINA, cuyo presidente es el uruguayo Silvio Maglione, doméstico del Comité Olímpico Mexicano. Se le recuerda por venir a tratar de convencer de que el nivel de la natación mexicana —Sala de Codeme poco después de los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1999—, era excelente. Una natación de excelencia pero sin resultados ante el cronómetro, y menos en el medallero. Sólo era de calidad en los labios del sudamericano. Venía a echarle las flores a José Luis Espinosa, a echarle flores a la natación, señalamos en aquel tiempo, como se hace con los cadáveres con el fin de atenuar el olor putrefacto.

Maglioni es el dirigente internacional que prohibió el uso de trajes de baño pero, con el deseo de estar bien con Dios y con el diablo, dejó los récords mundiales que se batieron con los trajes-turbo. A él se debe el despojo del récord mundial que sufrió Ian Thorpe en los 400 m libres, cuya marca, ocho años después de que la impuso, fue superada en una centésima de segundo con un traje prohibido. Satisfizo los intereses comerciales a costa de dañar los deportivos.

El Mundial de Natación está a la vuelta de la esquina y la Federación Mexicana aún no ha contratado entrenador. Es decir, el espectáculo está asegurado, pero sin que nadie conozca dónde está la conexión o influencia con el deporte, es decir, con la idea o propósito de elevar el nivel. No hay programa. Y esto está ocurriendo en varias áreas.

Hace unos meses, hablando al respecto con un entrenador norteño, le preguntamos: “¡Por qué razón los Estados Unidos, con tan alto nivel acuático, no organizan el Campeonato Mundial?”.

-Porque la FINA confunde la gastronomía con el canibalismo.

De qué sirven tantos certámenes si no no contamos con un sistema de detección de talentos. Impera el empirismo sobre el criterio científico que se emplea desde los 50 en otros países.

¡Ay! Si supieran lo que dice el pajarito de Maduro.

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