Son las pelotas

Esta entrega bien pudiera ser una letanía interminable de números, una que quizá hasta a Pitágoras pusiera de malas… habremos de ser concretos: el problema del beisbol está en las pelotas. Mientras siguen volando los cuadrangulares a un ritmo alegre, es notorio cómo ...

Esta entrega bien pudiera ser una letanía interminable de números, una que quizá hasta a Pitágoras pusiera de malas… habremos de ser concretos: el problema del beisbol está en las pelotas.

Mientras siguen volando los cuadrangulares a un ritmo alegre, es notorio cómo fue la idea del comisionado Manfred, para “aumentar el espectáculo”, desde que MLB compró en 2018 y por 395 millones de dólares a la empresa Rawlings, fabricante de las pelotas de juego que esconde dicho proceso allá en Costa Rica.

Propiamente en el diamante, lejos de lo que se plantea en distintas fuentes —pudiera sonar sensacionalista—, estamos ante un escenario de un promedio de bateo como el más bajo de la historia, con una pelota voladora casi como ninguna. El “casi como ninguna” es por las claras referencias históricas existentes para la época de Babe Ruth y la etapa de esteroides, donde Mark McGuire, Sammy Sosa y Barry Bonds (entre varios más) se dieron un banquete de fuegos artificiales. No porque sea cíclico deja de ser dramático y para mal.

Debemos añadir algo ESENCIAL: el beisbol hasta en el nombre lo lleva y se entiende como el deporte de recorrer las bases, poner EN JUEGO la pelota, tener a los NUEVE (ojo con el pitcher) fildeadores en aptitud ejecutando con singular maestría las jugadas necesarias para obtener outs —la defensiva— o el ataque para avanzar los corredores en pos de anotar carreras.

Todo esto nos resume algo que se está muriendo con tanto intento de vuelacercas: cuando se batea uno de ellos, el catcher sabe que no fue una buena pichada, el lanzador sabe que falló y los fildeadores sólo ven la pelota volando.

Pero, bueno, los números prometidos van así como que cada temporada, las Grandes Ligas utilizan 2.4 millones de pelotas de juego. Eso significa miles y miles de vacas, siendo 1,500 de ellas las sacrificadas a DIARIO en Pensilvania, para darnos una idea. Cabe apuntar cómo han culpado hasta a las 108 costuras en la ventana de 2017-2019.

Las pelotas (usadas en juego) que guarda MLB como “certificadas” se venden en más o menos 50 dólares en las tiendas de los equipos, para darse una idea con la primera cifra y por qué titulamos este Súper Beis de esta manera. Con lo que valen algunas pelotas, los tres millones de dólares que pagó el famoso Todd McFarlane por la del cuadrangular 70 de la temporada 1998 para Mark McGuire, le sumó 300,000 dolaritos más para las respectivas a los palos 69, 698 y 67. No se tiene cuantificado un valor para el “lodo misterioso”, el cual se recaba en Nueva Jersey, aunque se sabe que es un ingrediente CLAVE para la pelota en juego.

Cerramos con otra cifra: los 14,865 outs como receptor para Yadier Molina —de los gloriosos Cardenales de San Luis—, la mayor cantidad en la historia de Las Mayores.

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