Beisbol hackeado
La anterior entrega de Súper Beis la cerramos con la frase: “Así es este mundo del beisbol en pleno 2016…” y no fue coincidencia que resurgiera el tema de la intrusión cibernética hacking de un ahora exempleado de los gloriosos Cardenales de San Luis, dentro de un ...

Alejandro Aguerrebere
Súper beis
La anterior entrega de Súper Beis la cerramos con la frase: “Así es este mundo del beisbol en pleno 2016…” y no fue coincidencia que resurgiera el tema de la intrusión cibernética (hacking) de un ahora exempleado de los gloriosos Cardenales de San Luis, dentro de un sistema de datos desarrollado por los Astros de Houston para exponenciar la posibilidad de proyección de su talento joven.
Así de fácil: si Moneyball pudo convertirse en un filme, los ingredientes de este nada inocente acceso desautorizado/hurto de información da, por lo menos, para un documental.
Por cierto, recordando al grandísimo David Bowie —quien confesó haber jugado pelota cubriendo los jardines— cabe mencionar que el sistema cibernético de los Astros es llamado Ground Control.
En esta historia, Jeff Luhnow tiene un papel importante, pues fue precisamente el desarrollador del conocimiento sobre la ficha de cada uno de los prospectos de los pájaros rojos, al haber dejado un paradigmático papel como desarrollador del talento con dicha franquicia, para luego dar un salto cuántico y convertirse en el gerente general de unos houstonianos a los cuales metió este año al playoff, en una de las resurgencias más memorables del beisbol ligamayorista moderno.
Siendo los jóvenes prospectos una clave inamovible en el plan de trabajo de Luhnow con los Astros, el tenerlos bien monitoreados, era la savia de todo lo que se pretendía lograr.
El hackeo vino por parte de alguien quien conocía al mencionado nacido (y crecido) en México, por lo cual el tener una idea de una contraseña no era algo así que digamos brutalmente complicado, por lo cual Chris Correa está aceptando su culpabilidad, seguramente aconsejado por sus abogados y sí tiene la más mínima idea de regresar a alguna oficina del beisbol organizado.
Nos enseña esta tristemente célebre historia que el mejor beisbol ya depende de una base científica, dándole más sustento a lo originado con Moneyball y lejísimos ya —años luz— de aquellos momentos del regordete Babe Ruth.
Para un equipo ligamayorista, actualmente, su fortaleza consiste en saber cuáles peloteros son aptos de resolver las situaciones que este apasionante juego ofrece: el que sabe robar la base, tocar la pelota, relevar contra un bateador zurdo y la maravillosa amplitud de combinaciones posibles en un juego competitivo a tope.
Imposible saber si es la primera de más historias así, pero, el rey de los deportes ha aprendido con este episodio a entender que la información interna es uno de sus más preciados valores: todo ese valioso personal estudiando para mejorar las posibilidades propiamente en el campo de juego.
Dato: los Astros de Houston visitan la Ciudad de México en marzo, junto a los Padres de San Diego.