Destellos del maratón de Berlín

El crono de Mutai de 2:04.15 se aproximó en 37 segundos a la plusmarca mundial de Patrick Makau.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El mundo corre a velocidad de vértigo. Todo se transforma. Las mentes lúcidas se esfuerzan en derribar dogmas en todos los campos, en las matemáticas, en la geometría, en lo deportivo, mientras aquí nos quedamos estáticos, emperifollados en frases ultra y super califragilísticas-espiralidosas.  No es que deseemos regresar al punto de partida aquel en que si la masa y los comunicadores no saben apreciar los deportes de marca, ¿cómo pueden valorar las expresiones deportivas de apreciación?

El maratón de Berlín proyectó el domingo la enorme capacidad de los negros correlones de la sabana africana. Con Geoffrey Mutai en esfuerzo agónico victorioso colocaron a nueve de sus atletas entre los diez mejores clasificados. El crono de Mutai de 2:04.15 se aproximó en 37 segundos a la plusmarca mundial de Patrick Makau, que estableció en el mismo escenario en 2011, en 2:03:38.

De 31 años de edad y con el crono más rápido de la historia 2:03:02 en la distancia, pero sin la homologación oficial en función a los 139 metros de desnivel que hay en el maratón de Boston, Mutai, demostró potencialidad de plusmarca mundial.

Su victoria mostró cierta similitud al triunfo con récord mundial de su compatriota Paul Tergat, en 2002, quien superó a Sammy Korir apenas por un segundo, en aquella maratón berlinesa en la que el mexicano Andrés Espinosa, a sus 40 años, ocupó el cuarto lugar en 2:08:46. El domingo Mutai se impuso por un segundo y con serias y relativas dificultades a su compañero Denis Kimetto quien con su 2:04:16 señaló el tiempo más rápido de la historia para un debutante.

Sin duda sorprende el proceso evolutivo de los sistemas de acondicionamiento físico. Kenianos y etiopes tienen no sólo el biotipo y la altura del Valle del Rift como principales aliados de su alta clase sino además la preparación que consiste, según informan, en la fineza del fartlek ideado por John Velzian, el cerebro de los kenianos y por Wolde Meskel Kostre, quien fuera hacedor de los etiopes.

Notable fue la tercera posición conseguida por Geoffrey Kisang, de 19 años, con un registro de 2:06.12. El crono echa por tierra la tesis de que se requiere mayor madurez biológica para correr el maratón.

Ciertamente ha cambiado mucho el atletismo. Pero a fin de apegarnos un poco a la verdad, señalamos que es muy frecuente que entre los atletas africanos, principalmente kenianos y etiopes, no se tenga la certeza de su edad real. Flotan dudas. Otra también muy diferente es qué es lo que puede suceder cuando un atleta tan joven puede alcanzar tiempos de tan alta clase.

Los resultados y la experiencia indican que este tipo de competidores de tanto talento, por lo común, desaparecen. Son como estrellas fugaces en el firmamento de la distancia. La impresión es sorprendente, su registro es fabuloso, pero habría acaso que tomar la acción de Kisang con ciertas reservas, sin echar a repicar las campanas al cielo.

El modesto atleta mexicano José Uribe Marino, de 26 años, se colocó en el lugar 13 en 2:12.43. Sin duda un esfuerzo que debe representar una enorme satisfacción y alegría al atleta. ¡No más allá! La cruda realidad es que no aporta nada a la parcela nacional. Compárelo con Espinosa. Aquella marca la hacía Abebe Bikila en la década de los 60.

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