Elotes crudos

Hay que distinguir entre lo que se quiere con lo que se puede. Goethe lo dijo: una cosa es decirlo, y otra, hacerlo.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Algunos medios de comunicación preconizan fórmulas, rápidas, mágicas destinadas a conseguir éxitos en el deporte: lo expresan con tal convicción que es probable que se lo crean como la tan decantada mentalidad triunfadora. Nunca explican en que consiste ese método. Hay también quienes creen que mientras más se ambicione, pensando en grande, es mucho mejor, pues un pensamiento de tal naturaleza conduce inexorable al objetivo y al éxito. Recetas fáciles que distan de cumplirse en la realidad deportiva. Igual ocurre con los planes a corto plazo de la dirigencia deportiva o en la tomadura de pelo de lo más “hermosillesco” del propósito de ganar 15 medallas en los Juegos Olímpicos de Londres. ¡Eso no es optimismo!

Se puede afirmar cuasi como una verdad absoluta que un atleta con 100 o 120 kilogramos de peso, entrenado duramente por el mejor especialista de lanzamiento de martillo, en el tope de su capacidad físico-técnica, por más que piense con mentalidad triunfadora y alcance incluso el nivel alfa del yogui que puede caminar descalzo por encima de ardientes brasas o atravesarse el cuello con una aguja o con poder mental telekinético o mejor aún en el alfa y omega de la concentración, casi casi a punto a levitar, nunca lanzará el martillo más allá de una distancia de 100 metros. Y menos si sabemos que el récord mundial lo posee el ruso Yury Sediykh con un disparo de 86.74 metros...

Ejemplos cotidianos de esta naturaleza nos revelan descarnada y crudamente que el deporte mexicano vuela, está en otro nivel, mientras algunos periodistas no logran emprender el vuelo, siguen enfangados en ideas del pretérito o incluso en supersticiones. La cultura deportiva y competitiva de atleta y entrenador es, sin duda, de orden superior al del comunicador. Hoy las diferencias son más marcadas.

Entre el peso corporal y la fuerza hay una relación de física íntimamente conectada con la Segunda Ley de Newton. En lugar de creer en la mentalidad triunfadora y balar reiterada, borreguna y kalimanescamente, voy a triunfar, voy a triunfar, voy a triunfar, mejor sería aproximarse al conocimiento de lo que hacen en sus prácticas grandes campeones como Michael Phelps o Haile Gebrsselassie. Y medir objetivamente, con los pies en la tierra o en el agua, capacidad y metas. Los diversos estratos que han cruzado y los más de diez años de trabajo que necesitaron para encumbrarse. Saber que racimos de hombres y mujeres de acerada voluntad, entrenaron con la misma intensidad, obsesión y temporalidad sin poder alcanzar el podio. Y tú crees que con mentalidad triunfadora vas a lograrlo. ¡Mejor vete a comer elotes crudos!

Hay que distinguir entre lo que se quiere con lo que se puede. Goethe expresó: una cosa es decirlo, y otra, hacerlo.

Se pretende en la parcela doméstica mantener la progresión con becas del doble en lo económico de las que se otorgan a campeones olímpicos, multimedallistas, y se descuida la preparación de los entrenadores. Algunos políticos deportivos que pueden alcanzar sueldos superiores al orden de los 100 mil pesos no son capaces de pagar no diez sino veinte mil dólares a un buen entrenador extranjero.

La estrecha visión política no acepta la idea de que un técnico pueda ganar más que ellos.

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