El mundo está equivocado

La brillante actuación de Paola Espinosa en el Campeonato Mundial de Roma parece un cuento surgido de la imaginación de Perrault.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Muchacho, búscate tu tótem y ponlo al frente de tu patín del diablo.

Unos con visión política y otros con el primitivismo de rendir culto al Sol o de idolatrar, empujados por instinto gregario, a las figuras deportivas, marcan la posición de desfase, retrógrada. En el rebaño hay un excesivo afán de colocar en el pedestal, en el nicho, en el altar, a la figura en turno. Y de adornarlo, en la cabeza, con un disco saturnino igual al de una deidad.

La brillante actuación de Paola Espinosa en el Campeonato Mundial de Roma parece un cuento surgido de la imaginación de Perrault. Calificó en el décimoctavo y último lugar, sitio de lo más modesto al que llegó en una carroza-calabaza. Entró de panzazo casi de puro calabazazo. Y unos instantes después, como por arte de magia, transformó la calabaza, con su vuelo de golondrina de primavera, en un majestuoso y elegante carruaje de oro. Los ratones se convirtieron en blancos y hermosos corceles y ella, emergió del azul de la pileta del Foro Itálico con la corona de reina de la plataforma. Los truenos de aquel éxito retumbaron en Shanghai.

En los pueblos sedientos del éxito deportivo una actuación de esta naturaleza impacta, aturde. Alcanza con frecuencia una dimensión que rebasa los altos niveles de alegría deportiva. Los dirigentes, paleros y publicistas se convierten en coleópteros aduladores al servicio del carro de su majestad, caen en lo ridículo. El exceso de atención es falta de educación. En el deporte este exceso de servidumbre viola las bases deportivas que se cumplen fielmente en los países de madura cultura deportiva.

Muge, bala, barrita, el rebaño: si es la mejor no tiene por qué demostrarlo en un torneo selectivo. Pase directo a los Juegos Olímpicos de Londres. Paola y su corte de clavadistas no entran al selectivo. El criterio de aldea, extremista, como cuando el andarín Raúl González manifestó el deseo de competir en Los Ángeles en 20 y 50 kilómetros. Se fue al otro extremo. Los boyeros le orquestaron una campaña y lo llamaron egoísta. Con ese criterio esclerótico nunca se habría producido en México la aparición de un Spitz o un Phelps.

Los torneos selectivos llamados Trials en Estados Unidos son el principio de un proceso de calificación que garantiza el derecho y oportunidad de representar al país. Se cumplen en Europa, en los países anglosajones, asiáticos, africanos, americanos. Es la apertura y ensayo de la fiesta casera dirigido a la fiesta de gala, de graduación.

No hay peor sordo que el no quiere escuchar ni hay peor ciego que el que no desea ver. Podría afirmarse que hay un entusiasmo hirviente por los selectivos o trials orientados como fin supremo a Londres, en todos los deportes.

Del 25 de junio al 2 de julio de 2012 se realizará en Omaha, Nebraska, el Trial de Natación de Estados Unidos. Dara Torres, de 44 años, ganadora de 4 oros olímpicos, 4 de plata y 4 de bronce intentará la proeza de convertirse en la primera deportista en los anales de los JO, hombre o mujer, de competir en seis Juegos. Competirán además Ryan Thor Lochte y Michael Phelps. Esta es una forma ejemplar de cultura deportiva.

Los argumentos mexicanos no tocan la realidad. ¡El mundo está equivocado!

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