Gianni Infantino, en el centro de un conflicto diplomático entre Suiza y Trump

Tras recibir aranceles del 39 por ciento, políticos suizos ven en Gianni Infantino una vía para ablandar a Trump.

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La cercanía de Infantino con Donald Trump, es invocada en una disputa diplomática de Suiza (Facebook/White House)

Hasta hace poco, la relación entre Gianni Infantino y Donald Trump no tenía fricciones: el futbol como excusa, la diplomacia como marco. Pero la imagen reciente del presidente de la FIFA entregándole una medalla de campeón a Trump, en plena premiación al Chelsea como monarca del Mundial de Clubes  y ante decenas de miles de personas, ha adquirido una dimensión que nadie esperaba… al menos, no en Suiza.

Porque ahora, esa medalla y otras reuniones  se ha convertido en símbolo de una cercanía.

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Donald Trump recibió una medalla de campeón del Mundial de Clubes 2025 (Facebook/White House).

La administración Trump impuso a principios de agosto un arancel del 39 por ciento a las importaciones suizas. Una de las medidas más duras de su renovada política comercial, con efectos inmediatos sobre relojes, productos farmacéuticos y metales preciosos que Suiza exporta a Estados Unidos por más de 64 mil millones de dólares al año. La presidenta suiza, Karin Keller-Sutter, viajó de emergencia a Washington. Se reunió con Marco Rubio, secretario de Estado, pero no logró audiencia con Trump ni con altos funcionarios de comercio. Su propuesta de reducir el arancel a 10 por ciento fue rechazada.

El fracaso diplomático ha llevado a algunos políticos suizos a una táctica tan desesperada como singular: pedirle a Infantino que interceda con Trump.

"Es hora de incorporar a Gianni Infantino sin más demora”, dijo el consejero nacional Roland Rino Büchel en declaraciones recogidas por el  Financial Times.

"Si [el ministro de Economía] Parmelin le pidiera ayuda, imagino que la haría”.

Infantino, entre la FIFA y la bandera suiza

El pedido ha desatado un pequeño terremoto diplomático. Infantino, ciudadano suizo, es también una figura internacional que encabeza una de las organizaciones más poderosas del mundo. Su neutralidad política es, al menos en el papel, parte de su mandato. Pero su cercanía con Trump ha sido notoria y constante desde 2018: visitas, reuniones en la Torre Trump de Nueva York (donde la FIFA abrió una sede), y el reciente gesto público en el MetLife, donde Infantino le colocó a Trump una medalla de campeón FIFA como reconocimiento a su papel en la expansión del futbol en Estados Unidos.

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El problema no es la medalla. Es lo que representa: un lazo personal que ahora se ve como canal alterno de negociación comercial. Infantino no es funcionario público suizo. Pero tampoco es ajeno a su país. El dilema es real: si actúa, podría comprometer la imparcialidad de la FIFA.

Si no lo hace, será visto en Suiza como alguien que premia a Trump, pero no puede ayudar a su país.

Hasta ahora, la FIFA no ha emitido comentario alguno

En los últimos años, el futbol ha sido utilizado como herramienta diplomática por gobiernos de todos los tonos. Pero lo que ocurre con Infantino y Trump rebasa el protocolo. Entre los obsequios que el presidente de la FIFA ha entregado al exmandatario estadunidense están camisetas personalizadas, una réplica del trofeo de campeón mundial y ahora una medalla oficial, entregada en uno de los estadios donde se jugará el Mundial 2026.

El Mundial 2026 el más ambicioso en la historia de la FIFA, se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. Trump ha sido uno de sus impulsores más visibles desde 2018. El vínculo con Infantino ayudó a consolidar esa elección… y el gesto en el MetLife fue, para muchos, un agradecimiento público.

Pero esa sintonía, que parecía útil en lo deportivo, ahora se ve como un terreno pantanoso en lo diplomático.

La situación es mala. Necesitamos ideas mejores. Infantino es la persona más indicada para conseguir una reunión”.

Un país neutro

Suiza es famosa por su neutralidad, por sus relojes de precisión y por evitar los extremos. Pero hoy se encuentra en una posición insólita: apelando a un dirigente deportivo para resolver un impasse con la mayor economía del mundo. Y ese dirigente, aunque helvético, representa a una institución que no debe tener bandera.

¿Puede un presidente de FIFA interceder sin comprometer su legitimidad? ¿Debe hacerlo?

Las respuestas están por venir. Por ahora, Gianni Infantino se encuentra en un lio diplomático.