Mauro Camoranesi, memorias de un campeón

Habló de sus inicios y de todo lo que aprendió en su carrera. Hoy dirige en el Ascenso mx, pero lleva al Cruz Azul en el corazón

thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de agosto.- A poco de arrancar, se oyó un ruido fuerte que se impuso a la radio. Era el viejo motor del camión repartidor, que solía salir a las seis de la mañana. En él, Mauro Camoranesi (Tandil, 1976) empezó vendiendo pan lactal. Pronto dejó la escuela porque no podía concentrarse, también fue paseador de perros y llegó a trabajar con su tío, que era pintor, como ayudante en el taller de cuadros.

Entre esas idas y vueltas, Camoranesi comenzó a jugar en Gimnasia y Esgrima de Tandil, en el torneo regional. De ahí pasó al Club Atlético Aldosivi, muy cerca de Mar del Plata, viajando hasta 14 horas en camión para acudir a los partidos. Aquella fue una experiencia clave, porque formó su temperamento.

Su abuela lo llamó Linye. El apodo tenía que ver con la frase del tango: Linyera soy /corro el mundo y no sé a dónde voy /no tengo norte, no tengo guía /para mí, todo es igual.

Desde pequeño, su equipo fue el River Plate, al que vio perder la Copa Intercontinental en 1996 contra la Juventus. Esa vez insultó cuanto pudo a Alessandro del Piero, autor del gol definitivo en aquella final. Al cabo de un tiempo, tuvo que confesárselo.

En 1995 puso rumbo hacia México con Santos Laguna, aunque para su mala suerte dos meses antes de que los laguneros consiguieran su primer campeonato, él fue baja por una lesión en el tobillo. Por esas fechas debutó como padre de Agustín y Leandro. Luego nació Diego, cuyo nombre heredó de Maradona, el jugador que más lo emocionó. Incluso, alguna vez habló con él: estaba con Italia, en Berlín, justo el día previo a la final del Mundial contra Francia, en 2006.

Camoranesi entró a la habitación de Ferrara, asistente de Marcelo Lippi, quien tenía ocupado el teléfono en el hotel de concentración. Ferrara fue compañero de Maradona en el Nápoles, en la época de los 80. ‘¿Qué necesitas?’, le preguntó. ‘Estoy hablando con Diego’. Al principio creyó que era una broma, pero después la voz del 10 lo aclaró todo. Diego lo alentó a ganar la Copa del Mundo y le pidió no perder la tranquilidad. Tras los penales se quedó sin palabras.

Su paso por Cruz Azul

Sin suerte en Wanderers ni Banfield, firmó con el Cruz Azul en 1998, encontrándose con Diego Latorre, Ángel Matute Morales y Juan Francisco Palencia. En cuatro temporadas disputó 75 partidos y marcó 21 goles. Perdió la final contra el Pachuca en el Invierno 99.

La decisión de irse con el Hellas Verona, que por entonces peleaba en puestos de descenso, la justificó su sueño de estar en Europa. Fue el primer jugador extranjero en salir del balompié mexicano hacia aquel continente. Después pasó a la Juve y ganó cuanto pudo en Italia, el país de origen de sus bisabuelos. Ahí nació Mateo, su cuarto hijo y la pequeña Victoria completó la familia. Cuando llegó a la selección azzurra se planteó no cantar el himno. Más por una cuestión de respeto, que de egoísmo. Vivió momentos difíciles con el escándalo de los partidos amañados conocido como Calciopoli, que afectó directamente a equipos de la Serie A como el Milán, la Fiorentina, Lazio, Reggina y la Juventus, pero no quiso irse. Hecha la denuncia a nivel policial y de fiscalía, el cuadro bianconeri fue despojado de sus dos últimos scudettos (2004-05 y 2005-06) y perdió la categoría con 30 puntos de penalización, más una multa de 120 mil euros. Con todo y eso, Camoranesi se convirtió en una pieza fundamental para lograr el ascenso.

Siguió su carrera con Stuttgart, Lanús y Racing de Avellaneda. Hasta ser técnico de Coras Tepic, tal como empieza esta charla.

¿Le faltó ganar algo?

En realidad gané poco y me faltó mucho. La diferencia es que el campeonato del mundo es más trascendente que otros.

¿Ya no queda nostalgia

de jugar?

No, porque sé que ya no estaba en condiciones de estar adentro. Tengo la suerte de seguir en otra función, pero cerca del campo. Se vive con mucha intensidad, porque el futbol estimula los sentidos. Lógicamente se experimentan sensaciones diferentes, pero me esperaba esto.

¿Y arrepentimientos?

En los últimos años tomé decisiones equivocadas. En términos generales siempre decidí sin tomar en cuenta las consecuencias y las cosas fueron bien, aunque en las del final, el tiempo me mostró que no fueron correctas.

¿Cómo entiende el futbol?

Yo digo que el juego en sí es un engaño completo. Se trata siempre de engañar al rival, de hacerle creer una cosa y después lograr lo contrario para sacar ventaja. Pero en definitiva es eso. Han querido hacernos creer que es como el ajedrez o algo parecido. Pero no. Siempre va a marcar diferencia la calidad individual.

¿El secreto debe ser el balón?

No, el secreto es el cerebro. Ahí se marca la diferencia muchas veces de un jugador a otro. El balón es parte integral del juego y de lo que fue mi vida. No tengo memoria en la que no estuvo presente. Eso sí, hay que tratarlo con respeto porque no le pertenece a nadie.

¿Su ejemplo como técnico?

Marcelo Lippi me marcó mucho. Lo tuve durante ocho o nueve años en mi carrera. Siempre estuvo presente en diferentes momentos y, en muchos aspectos, sí, es un modelo a seguir. No se puede copiar, pero sí tratar de aplicar algunas cosas que me

enseñó y me gustaron.

¿Qué opina del futbol actual?

Me gusta. Cada jugador tiene una manera de interpretarlo y de vivirlo. Hay cosas que no había, pero es posible adaptarse. La pasión está ahí, de lo contrario cualquiera se quedaría en casa.

¿El dinero desequilibra?

Depende a quién. Hay gente a la que sí y a la que no. No veo por qué en el futbol sí y a nivel de abogados o políticos no. Eso pasa en cualquier ámbito de la vida.

¿Volverá al Cruz Azul?

Por ahora vamos en caminos diferentes. Yo estoy en el ascenso con Coras y ellos en la Primera División. Pero está en mi corazón, siempre, sin lugar a dudas.

X