¿Qué son las nubes, cómo se forman y cuántos tipos hay? Guía para mirar al cielo

Del ciclo del agua a la atmósfera de otros planetas, descubre por qué las nubes son clave para entender el clima y el cambio climático

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Cielo cubierto por una capa extensa de nubes altocúmulos sobre una pradera con vegetación alta. En el horizonte se observa un edificio antiguo con torre, destacando contra el fondo nublado. Las nubes presentan una textura homogénea y ligeramente ondulada, típica de altitudes medias.
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A diario alzamos la vista y ahí están: enormes, ligeras, densas o vaporosas. Las nubes, esas formas cambiantes en el cielo, despiertan la imaginación humana desde tiempos inmemoriales. Algunas parecen animales, otras montañas; unas más simplemente se extienden como un velo. Pero más allá de su apariencia poética, las nubes son elementos esenciales para entender el clima, la atmósfera y los ciclos naturales de la Tierra.

¿Qué las compone? ¿Cómo se originan? ¿Y qué nos dicen sobre el estado del tiempo y el cambio climático?

¿Cómo se forman las nubes?

Todo comienza con el ciclo del agua. Cuando el sol calienta la superficie terrestre —océanos, ríos, lagos o incluso el suelo húmedo—, el agua se evapora, convirtiéndose en vapor invisible. Este vapor asciende junto con masas de aire caliente. Al alcanzar mayores altitudes, la temperatura ambiente disminuye, y el vapor se enfría hasta alcanzar su punto de rocío.

En ese momento ocurre la condensación: el vapor de agua se transforma en microscópicas gotas de agua líquida o cristales de hielo, agrupadas alrededor de partículas diminutas en suspensión, como polvo, sal marina o contaminantes. A este conjunto de partículas visibles en la atmósfera se les llama hidrometeoros, y cuando se agrupan en cantidad suficiente, dan origen a una nube.

¿Qué contienen las nubes y por qué varían en color?

Aunque parecen masas suaves y ligeras, las nubes están compuestas por millones de gotas de agua o cristales de hielo suspendidos en el aire. Su tamaño es tan diminuto (entre 1 y 100 micrómetros) que pueden permanecer flotando durante largos periodos. En nubes altas o en zonas frías, predominan los cristales de hielo; en las más bajas, el agua líquida.

A pesar de su apariencia etérea, una nube cúmulo promedio puede contener entre 500 y 1,000 toneladas de agua. Pero como la densidad de sus partículas es muy baja, la nube flota sobre corrientes de aire cálido ascendentes.

El color de las nubes depende de cómo interactúan con la luz solar. Las nubes blancas dispersan eficientemente todas las longitudes de onda de la luz visible, lo que les da su característico tono claro. Las nubes densas o gruesas absorben parte de la luz, por lo que se ven grises o negras, indicando también su contenido de agua.

Nubes fuera de la Tierra y clasificación

Sí existen nubes fuera de la Tierra. En otros planetas, tienen composiciones químicas distintas. Por ejemplo:

  • Venus: ácido sulfúrico.
  • Marte: dióxido de carbono congelado y vapor de agua.
  • Júpiter y Saturno: amoníaco, agua y metano.
  • Urano y Neptuno: metano congelado.

Estas observaciones han sido posibles gracias a misiones espaciales como Cassini, Voyager y el James Webb Space Telescope.

Tipos de nubes: de Howard a la OMM

El primer intento de clasificación lo hizo Luke Howard en 1802 con cuatro formas principales:

  • Cúmulos (Cumulus)
  • Estratos (Stratus)
  • Nimbos (Nimbostratus)
  • Cirros (Cirrus)

La Organización Meteorológica Mundial amplió esta clasificación en 10 géneros:

  • Nivel alto (6 a 13 km): Cirrus (Ci), Cirrocumulus (Cc), Cirrostratus (Cs)
  • Nivel medio (2 a 7 km): Altocumulus (Ac), Altostratus (As)
  • Nivel bajo (0 a 2 km): Stratus (St), Stratocumulus (Sc), Nimbostratus (Ns)
  • Desarrollo vertical: Cumulus (Cu), Cumulonimbus (Cb)

Curiosidades, fenómenos y cambio climático

La nube más grande es el Cumulonimbus (Cb), típica de tormentas, que puede alcanzar los 18 km de altitud. En su interior se producen:

  • Tormentas eléctricas
  • Granizo
  • Fuertes precipitaciones
  • Tornados

También existen nubes especiales como:

  • Lenticulares: con forma de platillo, formadas por el viento en zonas montañosas.
  • Noctilucentes: brillan tras la puesta del sol a más de 80 km de altitud.
  • Artificiales: generadas por aviones o actividades humanas como pruebas nucleares.

Las nubes flotan debido a que las gotas de agua son pequeñas y están contenidas en aire cálido ascendente. Cuando crecen lo suficiente, la gravedad las hace caer en forma de precipitación.

Las nubes tienen un papel ambivalente en el cambio climático: reflejan radiación solar (enfriamiento) pero también atrapan calor (calentamiento). Según el IPCC, su comportamiento futuro es una de las principales incertidumbres en los modelos climáticos.

Más que vapor

Aunque las nubes parezcan simples decoraciones del cielo, son fenómenos complejos con funciones esenciales para la vida en la Tierra. Regulan el clima, permiten el ciclo del agua, y reflejan el estado de la atmósfera. También nos conectan visualmente con los ritmos del planeta e incluso con otros mundos.

Comprenderlas no solo es una cuestión estética o meteorológica: es también una herramienta para anticipar fenómenos extremos, proteger ecosistemas y afrontar el cambio climático con mayor conocimiento.

Fuentes confiables consultadas:

Organización Meteorológica Mundial (WMO)

NASA Earth Science

IPCC Sixth Assessment Report

NOAA – National Weather Service

ESA Climate Office

¿Alguna vez te has detenido a identificar qué tipo de nube ves en el cielo? Cuéntanos tu experiencia.

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