Su nariz rota, en tiempos de boxeador amateur iba acompañada de su eterna sonrisa que contagiaba energía y alegría, una sonrisa que una vez se quebró con un accidente cardiovascular en 2000, pero él siguió luchando por volver a ser el Belmondo de siempre. “Uno de los últimos héroes del cine francés”, afirmó el actor Jean Dujardin.