Cómo apagar una llama eterna (y otras ideas igual de malas)

La llama, instalada en 1923 para recordar a los caídos en la Primera Guerra Mundial, se apagó por primera vez en 75 años, gracias a un mexicano en estado de ebriedad

thumb
Ver galería

Hay cosas que simplemente no deberían hacerse. Una de ellas, por sentido común, es tratar de apagar una llama eterna. Y sin embargo, más de una persona ha creído tener una gran idea al orinar sobre ellas, sentarse encima, cocinar un huevo o, más recientemente, encender un cigarrillo con el fuego conmemorativo. El resultado: indignación, arrestos, expulsiones del país y, sobre todo, el absurdo documentado de lo que parece una competencia internacional por el despropósito más vergonzoso.

El mexicano que orinó la historia

Fue en 1998, durante el Mundial de Francia, cuando el nombre de México se coló en las páginas de la infamia simbólica. Rodrigo Rafael Ortega, un joven de 24 años, había viajado a París para apoyar al Tri. Lo que ocurrió después fue reportado por diversos medios internacionales: en estado de ebriedad, caminó hasta el Arco del Triunfo, uno de los monumentos más sagrados para los franceses, y orinó sobre la llama eterna que arde en honor al Soldado Desconocido.

La llama, instalada en 1923 para recordar a los caídos en la Primera Guerra Mundial, se apagó por primera vez en 75 años.

Ortega fue detenido por las autoridades francesas bajo los cargos de "atentado contra la memoria de los muertos" y "embriaguez pública". Pasó unas horas arrestado y fue liberado sin mayores consecuencias penales, pero su acción causó repudio internacional, especialmente en Francia. Fue un escándalo diplomático que obligó a la embajada mexicana a emitir disculpas públicas.

Lo más trágico, o irónico, es que no fue el único con esa “idea”.

Imitadores, accidentes y ridiculeces

Cuatro años después, en 2002, un joven soldado francés intentó repetir la hazaña. También en estado etílico, orinó sobre la misma llama del Arco del Triunfo. Su acto fue interpretado como una ofensa aún más grave por ser un miembro del ejército francés. Fue arrestado y trasladado a una clínica psiquiátrica. Aunque su nombre nunca se reveló, los medios franceses recordaron de inmediato el episodio protagonizado por el mexicano, convirtiendo el acto en un lamentable espejo.

En 2001, un tercer individuo —esta vez un turista de nacionalidad no revelada— pensó que sería una gran idea sentarse sobre la llama. Nadie sabe exactamente por qué: algunos dijeron que fue un reto, otros que quiso “probar algo”. Lo cierto es que resultó con quemaduras graves en los glúteos y tuvo que ser hospitalizado. La llama, por su parte, permaneció encendida.

Un turista australiano fue detenido luego de intentar cocinar un huevo frito sobre la llama del Arco del Triunfo. El sujeto había colocado una pequeña sartén sobre la base metálica de la llama, esperando que el calor fuera suficiente. La escena fue grabada por otro turista y el australiano fue retirado del lugar por la policía parisina. El huevo, según testigos, ni siquiera alcanzó a cuajarse.

Más allá de Francia: otros casos recientes

El caso más reciente ocurrió en agosto de 2025. Un hombre fue captado por cámaras de vigilancia encendiendo un cigarro con la llama del Soldado Desconocido. No conforme con eso, caminó directamente sobre la tumba mientras lo hacía. El sujeto, que se encontraba en Francia con estatus de residencia legal, fue detenido y, según informaron las autoridades, se le prohibirá el reingreso al país. Las imágenes del video fueron ampliamente difundidas en redes sociales.

No todo ocurre en París. En 2014, en la ciudad rusa de Belgorod, un hombre en aparente estado de ebriedad apagó la llama eterna del monumento a los caídos de la Segunda Guerra Mundial orinando directamente sobre ella. A diferencia de los casos franceses, aquí las consecuencias legales fueron más duras: el hombre fue acusado de profanación de un sitio conmemorativo, con una pena de hasta cinco años de prisión.

¿Por qué lo hacen?

Es difícil decirlo con certeza. El alcohol parece ser el común denominador. La mayoría de estos actos ocurren de noche, entre risas nerviosas y celulares grabando. En el fondo, hay una mezcla de ignorancia, irreverencia y una peligrosa necesidad de atención.

Las llamas eternas no son simples fuegos decorativos: representan la memoria de los que murieron, el símbolo de una nación en duelo y resistencia. Apagarlas, incluso de manera accidental o idiota, se considera una ofensa simbólica de alto calibre.

Las llamas eternas están diseñadas para arder sin interrupción, como homenaje perpetuo. Pero lo eterno, como vemos, a veces es vulnerado por lo efímero: un impulso, una borrachera, una broma. El caso del mexicano en 1998 sigue siendo emblemático, no solo por su torpeza, sino por abrir una galería internacional de despropósitos humanos.

Porque si algo nos enseña esta historia, es que la memoria colectiva arde con solemnidad... hasta que alguien llega y la apaga, literalmente, con una mala idea.

X