Intoxicación por monóxido de carbono: un riesgo invisible en invierno
El monóxido de carbono puede acumularse en casa durante el invierno sin dar aviso y causar intoxicaciones graves si no se detecta a tiempo.

Durante el invierno, cuando bajan las temperaturas y se cierran puertas y ventanas para conservar el calor, un peligro invisible puede acumularse dentro de casa sin dar aviso: el monóxido de carbono (CO).
Este gas tóxico es responsable de miles de intoxicaciones cada año en el mundo y, a pesar de ser prevenible, sigue representando un riesgo grave para la salud durante la temporada de frío.
El principal problema del monóxido de carbono es que no se puede percibir con los sentidos. No tiene color, olor ni sabor, por lo que puede concentrarse en espacios cerrados sin que las personas se den cuenta.
Cuando esto ocurre, la exposición puede provocar desde malestar leve hasta consecuencias graves e incluso la muerte, sobre todo si sucede mientras las personas duermen.

Monóxido de carbono en invierno: por qué es el “riesgo silencioso”
El monóxido de carbono se produce cuando ocurre una combustión incompleta de combustibles como gas, leña, carbón, gasolina o diésel. En invierno, su presencia aumenta porque se utilizan más aparatos de calefacción y porque los hogares suelen permanecer cerrados por periodos prolongados para mantener el calor.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el CO entra al organismo al respirarlo y se une a la hemoglobina de la sangre con mayor facilidad que el oxígeno.
Esto impide que órganos vitales —como el cerebro y el corazón— reciban el oxígeno que necesitan para funcionar correctamente, lo que puede provocar daño neurológico, complicaciones cardiacas y, en casos graves, la muerte.
Un análisis publicado en The Lancet Public Health subraya que la intoxicación por monóxido de carbono es en gran medida prevenible, pero sigue ocurriendo por fallas en la ventilación, mantenimiento deficiente de equipos y desconocimiento del riesgo, especialmente en temporadas frías.

Síntomas que suelen confundirse con gripe o cansancio
Uno de los mayores peligros del monóxido de carbono es que sus síntomas iniciales son inespecíficos y se confunden fácilmente con padecimientos comunes. Las guías clínicas de los CDC y de la Mayo Clinic señalan que los primeros signos pueden incluir:
- Dolor de cabeza persistente
- Mareo o sensación de debilidad
- Náusea y vómito
- Cansancio extremo
- Dificultad para concentrarse
Estos síntomas suelen atribuirse a una gripe, deshidratación o agotamiento. Sin embargo, hay una señal clave de alerta: cuando varias personas en un mismo espacio presentan síntomas similares al mismo tiempo, la sospecha de intoxicación por monóxido de carbono debe ser inmediata.
En exposiciones más altas, pueden aparecer confusión, dificultad para mantenerse despierto, desmayo, dolor en el pecho y falta de aire. En estos casos, se trata de una emergencia médica que requiere atención inmediata.
Las fuentes más comunes en casa durante el invierno
Las intoxicaciones por monóxido de carbono ocurren principalmente en interiores. De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), las fuentes más frecuentes en el hogar durante el invierno incluyen:
- Calentadores de gas sin ventilación adecuada
- Estufas y hornos utilizados para calentar espacios
- Boilers y calderas con mantenimiento deficiente
- Chimeneas o estufas de leña mal ventiladas
- Braseros o anafres usados en interiores
- Generadores eléctricos encendidos dentro de casa o cerca de puertas y ventanas
El riesgo aumenta cuando estos aparatos están dañados, mal instalados o se utilizan en espacios cerrados sin entrada suficiente de aire fresco.

Errores cotidianos que disparan el riesgo
La mayoría de los casos de intoxicación por monóxido de carbono no se deben a fallas extraordinarias, sino a errores comunes que se repiten cada invierno.
Estudios de la U.S. Consumer Product Safety Commission (CPSC) muestran que muchos hogares subestiman la importancia de la ventilación y el mantenimiento de los equipos.
Entre los errores más frecuentes se encuentran:
- Sellar completamente la vivienda para evitar el frío
- Usar estufas o calentadores sin salida de gases
- No revisar boilers, calefactores o chimeneas antes del invierno
- Encender carbón, leña o anafres dentro de espacios cerrados
Incluso hogares con detectores de monóxido de carbono pueden estar en riesgo si estos no funcionan correctamente, no tienen baterías o no reciben mantenimiento.

Qué hacer ante una sospecha de intoxicación
Las organizaciones de salud coinciden en que no hay que esperar a que los síntomas empeoren. Ante la sospecha de intoxicación por monóxido de carbono, se recomienda:
- Salir de inmediato al exterior o a un área con aire fresco
- Apagar la fuente del gas solo si puede hacerse sin ponerse en riesgo
- Llamar a los servicios de emergencia si hay síntomas
- No regresar al interior hasta que el lugar sea ventilado y revisado por personal capacitado
El CDC enfatiza que la intoxicación por monóxido de carbono no solo reduce el oxígeno disponible en la sangre, sino que también interfiere con procesos celulares, lo que explica por qué el daño puede ser rápido y severo.
Cómo prevenir la intoxicación por monóxido de carbono
La buena noticia es que este riesgo puede reducirse de forma significativa con medidas básicas de prevención, respaldadas por la EPA:
- Dar mantenimiento anual a boilers, calefactores y estufas
- Mantener ventilación adecuada, incluso en invierno
- No usar aparatos de combustión dentro de espacios cerrados
- Instalar detectores de monóxido de carbono cerca de dormitorios
- Sustituir o reparar equipos defectuosos
Estas acciones no solo previenen intoxicaciones, sino que también protegen la salud respiratoria y cardiovascular en general.
La intoxicación por monóxido de carbono es silenciosa, rápida y potencialmente mortal, pero también es altamente prevenible. En invierno, cuando el uso de calefacción aumenta y la ventilación disminuye, reconocer este riesgo puede marcar la diferencia entre una temporada segura y una emergencia médica.
Ante cualquier duda, los especialistas coinciden en una recomendación básica: priorizar la ventilación, el mantenimiento y la atención médica oportuna. Ninguna fuente de calor vale la vida ni la salud.
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