Trump juega ajedrez, China juega Go
Mientras Trump presume sus capturas, China expande silenciosamente su influencia.
En el tablero geopolítico global, Donald Trump mueve sus piezas como si jugara una partida de ajedrez con cronómetro y testosterona: avanza su reina (el dólar), sacrifica peones (sus aliados) y busca un jaque mate instantáneo contra su némesis: China. Pero el error —uno de tantos— está en creer que Pekín está jugando la misma partida. No. Mientras Trump embiste con jugadas frontales, Xi Jinping despliega su estrategia como si jugara Go, el milenario juego chino donde no se trata de vencer al enemigo, sino de rodearlo con paciencia, construir territorio, y dejarlo sin aire.
Trump impone aranceles como castigo: 60% a productos chinos, amenazas a TikTok y Huawei, sanciones a sectores estratégicos, restricciones a exportaciones de semiconductores y una lista creciente de países “sospechosos” de triangular mercancías chinas. Es un ajedrecista en ataque perpetuo, cuyo plan se resume en “conquistar el centro del tablero” a base de fuerza bruta. Lo hace con bravuconería, desde la narrativa del “America First”, sacrificando incluso alianzas históricas, y con la lógica del CEO que mide su éxito en trimestres, no en generaciones.
China, en cambio, responde con la cadencia del Go: no confronta directamente, sino que expande su influencia con movimientos envolventes. No busca ganar con un jaque mate espectacular, sino construyendo una red de interdependencias que, cuando uno menos lo nota, se vuelve irrompible. Mientras Trump cierra puertas, China abre rutas. Mientras EU castiga, China seduce.
Pongamos un ejemplo concreto: frente a los nuevos aranceles, China ha comenzado a reducir tarifas a 70 países en vías de desarrollo. Ha reactivado tratados comerciales bilaterales con América Latina y África, relanzado la Iniciativa de la Franja y la Ruta con nuevos paquetes de inversión verde, y flexibilizado regulaciones para atraer capital extranjero en sectores estratégicos como baterías, autos eléctricos y biotecnología. La movida es clara: Pekín no quiere sólo ganar un mercado, quiere tejer una red.
Y eso no es todo. La estrategia china también incluye plataformas digitales, infraestructura cultural, acuerdos tecnológicos y cooperación científica. En términos de Go, está colocando fichas en múltiples zonas del tablero —Sudeste Asiático, África, Europa del Este, Oriente Medio, América Latina— no para chocar con Estados Unidos, sino para aislarlo.
¿Quién ganará esta guerra? Si el criterio es quién domina el corto plazo mediático y político, Trump parece ir arriba: impone agenda, genera miedo, refuerza su base electoral. Pero si lo que se mide es la capacidad de construir poder estructural en el largo plazo, China está ocupando el tablero mientras el adversario celebra su última jugada.
En ajedrez, lo importante es qué piezas capturas. En Go, lo importante es cuánto territorio construyes. Y mientras Trump presume sus capturas, China expande silenciosamente su influencia. En unos años, cuando los países que hoy reciben alivios arancelarios y financiamiento chino ya no dependan de Estados Unidos para su crecimiento, cuando las rutas comerciales pasen más por puertos asiáticos que por Wall Street, nos daremos cuenta de que el tablero estaba cambiando… piedra por piedra.
El nuevo orden mundial no se definirá con un jaque mate. Se definirá cuando alguien mire el tablero y descubra que ya no queda espacio libre.
