No nos trolees, Luisa

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Un troll no es quien opina distinto. Es quien entra a una conversación para descarrilarla: provoca, insulta, repite la misma consigna hasta el hartazgo, inunda el hilo para que el asunto original se pierda de vista. No busca convencer, sino cansar. Y sí, hay granjas de cuentas que lo hacen de manera industrial, aquí y en todas partes, al servicio de gobiernos y de oposiciones. Nadie serio lo niega. 

Lo que Luisa María Alcalde presentó el miércoles fue otra cosa. Empezando por el nombre de su conferencia, que ya es un chiste involuntario: el “derecho de réplica” se inventó para que el ciudadano común pudiera responderle al medio que lo aplastó con su alcance. Aquí lo ejerce, con el escudo nacional atrás, el poder más grande del país.

Su lámina describe un “ecosistema” de cuatro capas. Abajo, medio millón de bots. Arriba, 54 cuentas de medios y comentaristas que, según la consejera jurídica, originan y legitiman los mensajes: Reforma, El Universal, Aristegui Noticias, Latinus, ADN 40, y con ellos Ciro, Azucena, Loret, Paola Rojas, Chumel, Adela, Denise Dresser, Sarmiento, López-Dóriga, De Mauleón, Krauze y Leti Robles de la Rosa, compañera de esta casa. Alcalde habló de una red financiada; cuando le preguntaron por el financiador, no hubo respuesta.

Ahí se cae todo. La gráfica pone en el mismo organigrama a una redacción y a medio millón de bots, los une con flechas y con las flechas establece una causalidad que nadie intenta siquiera demostrar: que informar es el primer eslabón de una cadena que termina en el insulto anónimo. Alcalde no probó coordinación ni financiamiento. Probó volumen, el dato menos sorprendente del mundo, porque los medios publican mucho por la sencilla razón de que su oficio es publicar, investigar, opinar e informar.

Las cuatro narrativas que le atribuyó a la red tampoco nacieron en una granja de bots. Huachicol, narcogobierno, autoritarismo y presiones de EU tienen expedientes abiertos de éste y del otro lado de la frontera, militares y marinos prófugos y funcionarios estadunidenses con nombre y apellido. Se puede discutir el encuadre de tal o cual columna. No se le puede atribuir a un algoritmo lo que está en un juzgado.

Las listas incomodan por una razón vieja que Arendt describió mejor que nadie: sirven para perseguir por categoría y no por conducta, para que el expediente preceda a los hechos. Un columnista puede llamarme lo que quiera y sigue siendo su opinión. La Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal no opina. Clasifica. Y lo firmó una abogada, hija de uno de los laboralistas más respetados del país, gente que se hizo un apellido defendiendo trabajadores frente al uso arbitrario del expediente. 

En octubre de 2021, Sheinbaum llamó fascista hacer listas y dijo que eso era propio del macartismo y del nazismo. Pidió que la anotaran a ella. El video sigue colgado en su cuenta. Cinco años después la lista la hizo la consejera jurídica de su gobierno. La Presidenta no necesitaba ese regalo: a partir de hoy cada crítica le llegará blindada con el argumento de la persecución. Flaco favor le hizo Alcalde a la Presidenta.

En el país donde Artículo 19 lleva contados 181 periodistas asesinados desde el año 2000, nombrar comunicadores desde el poder tiene consecuencias que no se miden en tendencias de X. Se miden en llamadas a medianoche, en contracampañas de odio y amenazas. Y, sí, también en gente que decide mejor callarse, no publicar absolutamente nada.

Si hay pruebas de una red de bots, que entreguen la metodología, los identificadores y la denuncia ante la autoridad. Eso sí sería un servicio público. Una lámina con nombres de columnistas es un señuelo. Y “la lista” una trolleada que intenta desautorizar la crítica y el cuestionamiento.

Y ayer, por lo pronto, funcionó: hoy no estamos hablando de huachicol ni de Rubén Rocha Moya ni de los pleitos de Morena. Hoy, todos estamos hablando de “la lista”… Ojalá se acuerden de lo que antes ellos mismos parecían saber muy bien: el respeto al periodismo serio es uno de los anticuerpos más potentes que necesita cualquier gobierno, cualquier democracia y cualquier país que se quiera soberano. Así que mejor no nos trolees, Luisa.