Militarizados

En cualquier país de leyes, ésta sería una agresión que se investiga y culmina en consecuencias.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“Hay una reacción errónea por parte del personal militar porque no hubo ninguna agresión con arma de fuego o una agresión de alguna otra manera…”, fueron palabras de Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional, cuando en marzo pasado un militar disparó a los pasajeros de una camioneta; precisó: “Donde hiere a uno de los civiles que iban en ese vehículo. Eran tres personas las que iban en ese vehículo, al herido se le da atención por parte de nuestro propio personal y desafortunadamente pierde la vida”.

En cualquier país de leyes, ésta sería una agresión que se investiga y culmina en consecuencias, pero no es así. Es más, no es la única. La víctima se llamaba Elvin Mazariegos, era migrante guatemalteco. México se ha convertido en ese muro militar que evita el paso de quienes optan por dejar su tierra para buscar el sueño americano.

Al momento en que escribo estas líneas, son 55 los ciudadanos centroamericanos que murieron en el accidente de un tráiler del que el chofer perdió el control en Tuxtla Gutiérrez, porque no tienen otra alternativa de tránsito que viajar hacinados en la caja de un vehículo de carga, pues ahí está la Guardia Nacional revisando la documentación de quienes abordan un camión de pasajeros. Y el que según sería un cuerpo con mando y directrices de corte civil, terminó convirtiéndose en un brazo de fuerza y control del gobierno de México.

Aunque este texto para es hablar de aquéllos, los civiles que sin deberla son también parte de una estadística, pero no una causada por los grupos criminales, sino generada por aquellos que serían los protectores. Lo cuentan Marco Antonio López, Nayeli Valencia, Scarlett Lindero, Abraham Rubio y Juan Luis García en el reportaje “La pacificación de AMLO es más letal que la guerra de Felipe Calderón”, publicado en La-Lista, la filial de diario británico The Guardian en México: “En el caso de los integrantes del Ejército mexicano, desde el primer día que el presidente Andrés Manuel López ocupó su cargo en diciembre del 2018 hasta agosto del 2021 han sido ejecutados 557 civiles a manos de militares y 95 han resultado heridos, según el registro de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), entregado vía transparencia. Así, el indicador promedio de letalidad en este periodo es de 5.9 muertos por cada herido. Esto es superior al promedio de un fallecido por cada cuatro sobrevivientes de los conflictos modernos estimado por la Cruz Roja, de acuerdo con el Monitor del uso de la fuerza letal en América Latina…”.

Éste es el resultado de aquella promesa no cumplida por el Presidente. Ese engaño de cuando López Obrador expresó que su Guardia Nacional tan anunciada tendría un mando civil. Así se aprobó en una discusión en la que participaron todas las fuerzas políticas y hasta la sociedad civil, parecía el inicio del cambio de estrategia en materia de seguridad. Fue más bien el inicio de una militarización, en donde hoy el Ejército y la Guardia Nacional se encargan desde la construcción de refinerías y aeropuertos hasta de la distribución de medicamentos. Cuando nos quieran hablar de transformación, bastará con cruzar estos indicadores con los índices de violencia. Ni los “otros datos” podrán refutar esta realidad.

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