Guilty!
Dicen que la justicia tarda, pero llega. Y en ocasiones, llega en inglés y con acento estadunidense. En semanas recientes, Dámaso López Serrano, mejor conocido como El Mini Lic, y los hijos de El Chapo Guzmán han pronunciado una palabra breve, pero cargada de ...
Dicen que la justicia tarda, pero llega. Y en ocasiones, llega en inglés y con acento estadunidense. En semanas recientes, Dámaso López Serrano, mejor conocido como El Mini Lic, y los hijos de El Chapo Guzmán han pronunciado una palabra breve, pero cargada de significado: “Guilty”. Culpables. Una declaración simple que encierra complejas motivaciones y profundas implicaciones, no sólo para ellos, sino también para México y EU en su batalla contra el crimen organizado.
El caso de El Mini Lic es emblemático: hijo de uno de los principales operadores del Cártel de Sinaloa, López Serrano se declaró culpable en una corte federal de Virginia de conspiración para distribuir fentanilo, luego de firmar un nuevo acuerdo de cooperación con la Fiscalía. Su historia ilustra la dificultad de romper con el crimen organizado, ya que, a pesar de haber colaborado con las autoridades de EU en el pasado, regresó a sus redes del narcotráfico. Por su parte, Ovidio Guzmán López también ha pactado declararse culpable ante un tribunal federal en Chicago, en lo que será la primera vez que uno de los herederos del imperio de El Chapo admite su responsabilidad en EU. Su cambio de estrategia legal, de una defensa férrea a un acuerdo de culpabilidad, es un golpe simbólico y práctico para la estructura del Cártel de Sinaloa, ya que su cooperación podría revelar rutas, aliados y operaciones clave del grupo criminal.
¿Por qué estos jóvenes herederos de los imperios criminales mexicanos han optado por negociar una culpabilidad en tribunales estadunidenses? Las razones son varias. La primera, evitar la temida cadena perpetua o la pena máxima. Y, aunque no sea la inyección letal, lo cierto es que una vida entera tras las rejas en una prisión de máxima seguridad de EU suele ser mucho más efectiva como amenaza disuasoria que las cárceles mexicanas, cuyas puertas de entrada y salida muchas veces se abren más fácil que las de un supermercado. Demasiado jóvenes para terminar muertos o encerrados para siempre, habrán calculado de último momento.
La segunda razón, más estratégica, es el valor de su información. Al aceptar culpabilidad, estos jóvenes aceptan colaborar con el Departamento de Justicia de EU, entregando datos que podrían ser oro puro en el desmantelamiento de redes criminales transnacionales. Saben mucho, muchísimo, sobre quién, cómo, cuándo y dónde. A cambio de hablar, obtienen beneficios considerables en la reducción de penas.
¿Qué implicaciones tiene esto en la lucha contra el narcotráfico? Para EU, es un evidente triunfo político y judicial. Es la comprobación de que su modelo de justicia—duro, negociado y efectivo—sigue siendo capaz de atraer criminales extranjeros hacia acuerdos que debilitan a sus organizaciones desde adentro. Pero también implica que EU mantiene una estrategia centrada en desarticular estructuras criminales fuera de su territorio, con todos los beneficios políticos internos que esto conlleva. Para México, sin embargo, el sabor es mucho más agridulce. Por un lado, cualquier golpe al narco es un triunfo. Por otro, las declaraciones de culpabilidad ponen en evidencia las limitaciones del sistema mexicano: si estos personajes prefieren rendirse al sistema judicial de otro país, significa que aquí, la confianza en la justicia no existe. También demuestra que el gobierno mexicano sigue dependiendo de EU para lograr resultados significativos.
Estas admisiones de culpabilidad ofrecen una oportunidad invaluable: la información obtenida puede servir para atacar redes criminales en ambos países. Pero también encienden alarmas incómodas: ¿Está México dispuesto o capacitado para aprovechar esa información y actuar con la misma eficacia? ¿O seguiremos dependiendo de que la justicia, cuando llegue, lo haga pronunciando “Guilty” desde una sala judicial de EU?
Lo cierto es que, mientras México no arregle sus propias deficiencias institucionales, estos escenarios se seguirán repitiendo: justicia hecha en EU, criminales negociando allá y aquí, ciudadanos mirando atónitos cómo los culpables prefieren ser juzgados por un país ajeno antes que por el suyo. Por ahora, Guilty! es la radiografía de una lucha desigual contra un monstruo cuya cabeza cortamos, una y otra vez, sin lograr jamás acabar con él. Razón por la que Guilty! seguirá resonando en los tribunales, porque el crimen organizado solo sabe buscar nuevas formas de sobrevivir.
