Great? Again?
¿Qué hizo grande a Estados Unidos? La respuesta está escrita en las páginas de su historia, cincelada en los rostros del Monte Rushmore, resonando en los pasillos del Capitolio y vibrando en las calles de cada ciudad que ha acogido a generaciones de soñadores. La ...
¿Qué hizo grande a Estados Unidos? La respuesta está escrita en las páginas de su historia, cincelada en los rostros del Monte Rushmore, resonando en los pasillos del Capitolio y vibrando en las calles de cada ciudad que ha acogido a generaciones de soñadores. La grandeza de América nunca residió en los muros, sino en los puentes que tendió; no en los pueblos que rechazó, sino en las culturas que abrazó.
Los Padres Fundadores, aquellos visionarios que imaginaron una nación construida sobre los pilares de la libertad y la igualdad, entendían que la verdadera grandeza no nace del aislamiento, sino de la apertura. Benjamin Franklin, el científico-estadista, personificaba la creencia de que el progreso viene de la razón y de la innovación. Thomas Jefferson, con su defensa inquebrantable de la libertad de prensa, sabía que una democracia sólo puede prosperar cuando las voces críticas tienen la libertad de resonar.
El sueño americano nunca fue sobre la uniformidad, sino sobre lo distinto. Ellis Island no fue grande por rechazar a los extranjeros, sino por darles la bienvenida. Emma Lazarus no escribió “denles sus cansadas masas” como una advertencia, sino como una promesa. Cada ola de inmigrantes, desde irlandeses hasta vietnamitas, italianos y salvadoreños, han añadido un nuevo hilo al tapiz cultural que hace única a esta nación.
EU fue grande cuando envió al hombre a la Luna, no porque lo hizo solo, sino porque reunió a las mentes más brillantes de todo el mundo. Fue grande cuando sus universidades se convirtieron en faros globales del conocimiento. El Silicon Valley no se construyó cerrando puertas, sino abriéndolas de par en par a las ideas y al talento, sin importar su origen.
Martin Luther King Jr. no soñó con EU dividido por muros, sino unido en la inclusión. El movimiento por los derechos civiles demostró que la grandeza de una nación se mide por su capacidad para reconocer sus errores y corregirlos, por la voluntad de evolucionar y mejorar. Hoy la diversidad y la inclusión son fuerzas que impulsan la grandeza de EU. Las nominaciones a los Oscar reflejan una riqueza cultural, con películas como Emilia Pérez liderando con 13 nominaciones y a Karla Sofía Gascón haciendo historia como la primera mujer trans nominada a Mejor Actriz. Historias y voces diversas enriquecen el tapiz cultural de la nación y desafían las narrativas dominantes.
La Estatua de la Libertad no sostiene su antorcha para iluminar un camino hacia el aislamiento. Wall Street no se convirtió en el centro financiero mundial construyendo barreras, sino derribándolas. Silicon Valley no lidera la revolución tecnológica global rechazando mentes brillantes por su lugar de nacimiento. Harvard, MIT, Stanford y Berkeley no alcanzaron la excelencia académica cerrando sus puertas a extranjeros.
La grandeza de EU ha residido en su capacidad para reinventarse, para absorber lo mejor del mundo y transformarlo en algo uniquely american. Desde el jazz hasta la tecnología espacial, desde Broadway hasta las vacunas, la excelencia estadunidense ha sido producto de la apertura, no del aislamiento.
¿Make America Great Again? Primero, preguntemos: ¿Cuándo dejó EU de ser grande? ¿Cuándo abrió sus brazos a los perseguidos? ¿Cuándo defendió la libertad de prensa? ¿Cuándo luchó por los derechos civiles? ¿Cuándo celebró la diversidad en las artes? ¿Cuándo apostó por la ciencia e innovación?
La verdadera grandeza de EU nunca estuvo en su capacidad para excluir, sino en su poder para incluir; no en su habilidad para dividir, sino en su voluntad de hilvanar todos sus hilos. Desde la Constitución hasta la carrera espacial, desde el movimiento sufragista hasta la revolución digital, EU ha sido más grande cuando ha sido más inclusivo, más fuerte cuando ha sido más diverso, más próspera cuando ha sido más abierta.
La pregunta no es cómo hacer a EU grande de nuevo, sino cómo preservar y fortalecer los valores que lo hicieron grande: su compromiso con la libertad, la fe en la democracia, el respeto por el Estado de derecho, la celebración de la diversidad y creencia en la posibilidad de un futuro mejor para todos.
El verdadero “Again” que EU necesita es un regreso a estos principios fundamentales que han sido el motor de su verdadera grandeza, ésa que nunca ha estado en los muros que construye, sino en los que logró tirar y en los puentes que supo tender; no en las voces que silencia, sino en las que supo ensamblar y amplificar; no en el miedo que siembra, sino en la esperanza que antes, loca y globalmente, sabía cultivar.
