¿Ficta confessio?

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La UNAM convocó a 58 mil 400 aspirantes a repetir un examen que ya habían presentado. Acudieron poco más de 36 mil, quizá 37 mil, según la estimación que el rector Leonardo Lomelí dio el miércoles en el Palacio de los Deportes. La resta es incómoda. Entre 21 mil y 22 mil jóvenes decidieron no presentarse: alrededor de 37% de los citados.

En el derecho procesal existe una figura para quien no comparece cuando se le llama: la confesión ficta. El silencio se toma como admisión. La tentación de aplicarla aquí es enorme y hay que resistirla o no convertirla en conclusión automática. La propia UNAM ofrece dos explicaciones. El secretario general, Javier de la Fuente, dijo que el ausentismo es multifactorial: muchos aspirantes concursan en varias universidades al mismo tiempo y, cuando obtienen un lugar más cercano a casa, ya no concluyen el trámite en la UNAM. La otra explicación son los costos de traslado, hospedaje y alimentación que implicó viajar a una de las cuatro sedes. En Oaxaca, de mil 920 citados sólo se presentaron 894: faltó 53.4 por ciento. Eso no se explica por culpa, sino por dinero, y es un reproche a cómo se organizó la reparación, no a los muchachos.

Ahora bien, eso no alcanza para 22 mil personas, y la UNAM tiene manera de saberlo. Tiene el puntaje que cada uno de esos ausentes obtuvo en el examen en línea. Si el perfil de quienes no llegaron se parece al del resto de los convocados, la hipótesis logística queda confirmada y hay que asumirla con todas sus consecuencias, empezando por reponerles el examen. Si, en cambio, los ausentes se concentran en los rangos anómalos, entonces sí estamos ante otra cosa. Ese cruce lo puede hacer la Dirección General de Administración Escolar en una tarde. Publicarlo, anonimizado, por carrera y por rango de aciertos, sería el gesto de transparencia que este proceso todavía no ha dado. No para señalar a nadie por su ausencia, sino para que la sociedad sepa qué tamaño tenía realmente el problema.

Mientras tanto, está lo que ocurrió con los que sí llegaron. El rector informó que en el Palacio de los Deportes se detectaron al menos 22 intentos de trampa: celulares en los baños, lentes con cámara, intentos de grabar los reactivos y comprobantes de cita alterados. Conviene detenerse en dónde pasó esto. Pasó en el examen diseñado precisamente para atrapar tramposos, con 300 funcionarios y 150 supervisores desplegados, con detectores de metales para quien necesitara ir al baño y con tabletas sin conexión a internet. Días antes ya habían caído dos casos en Tijuana y León, ambos por transmitir desde los sanitarios.

El rector consideró que 22 casos son pocos frente a los 34 mil que ya habían pasado por la sede capitalina, y tiene razón. El propio Lomelí recordó que cuando fue secretario general de la UNAM también supo de intentos por usar dispositivos para obtener respuestas, incluidos lentes con cámara. La trampa no la inventó Territorium Life ni la modalidad en línea. Lo que hizo el examen digital fue abaratarla y volverla masiva. Ésa, y no otra, es la lección que la UNAM debería llevarse a 2027, cuando decida si vuelve o no al papel y al aula.

Quedan pendientes las cuentas grandes: la auditoría tecnológica, la denuncia que presentó la Comisión Técnica, la explicación pública de por qué una adjudicación directa resolvió en unos días el ingreso de más de 150 mil jóvenes. Los resultados se publicarán el último fin de semana de agosto y las clases empiezan el lunes 31, con lo cual el calendario apretará cualquier discusión de fondo.

La presidenta Sheinbaum aprovechó la última jornada para sugerir que la UNAM haga otro esfuerzo de austeridad y abra más espacios. Lomelí contestó que la UNAM lleva más de ocho años sin crecimiento real en su presupuesto. Los dos tienen argumentos, y ninguno está hablando del asunto: esta crisis no la provocó la falta de dinero, sino una decisión. Cuando el rector aceptó las recomendaciones de la Comisión Técnica dijo que el examen de control era necesario para dar certeza y “garantizar la equidad en el acceso”. Recuperó el control del examen, sí, pero la certeza se recupera contando lo que ya sabe de los que no llegaron.