La popularidad no es suficiente

El triunfo de AMLO no es su popularidad. Su triunfo es dar resultados: reducción de la corrupción, control de la violencia y distribución de la riqueza. Veo tres asuntos clave que deben abordarse de inmediato para poder dar paso a un movimiento de izquierda que triunfe y no uno que se quede en las buenas intenciones y malos resultados

Ningún presidente que haya tenido un nivel de aprobación similar a AMLO a esta altura del sexenio ha perdido la elección siguiente. Esto es particularmente relevante para AMLO porque su sexenio no lleva tres meses, sino más bien nueve, de gobernar.

Supongo que esto llena de paz a Morena, pero no es suficiente. Les comparto tres áreas es las que me parece crítico que Morena rectifique el camino si se quiere llegar a los objetivos.

Primero, tal cual está diseñado, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro logrará distribuir dinero más no redistribuir riqueza. Es decir, AMLO sí repartirá más recursos. Lo hará porque el programa tendrá más beneficiarios que programas anteriores. Sin embargo, ello no significará que más jóvenes vayan a obtener un empleo o un mejor nivel de vida luego de recibir sus becas.

No será así porque el dinero está siendo repartido sin condiciones claras para las empresas que supuestamente entrenan a los jóvenes. Éstas están aceptando más jóvenes de los que pueden entrenar. O están dándole labores de talacha sencilla a los jóvenes, sin valor educativo alguno. En el peor de los casos, parece que algunas empresas simplemente aceptan jóvenes para quedarse con parte de su beca.

Si no se logra imponer condiciones a las empresas para que los jóvenes puedan adquirir capacidades laborales reales y, por tanto, acceder a empleos bien pagados, los 40 mil millones anuales que cuesta el programa habrán servido para que los jóvenes tengan pescado, pero no para que aprendan a pescar. Será un enorme potencial desperdiciado.

Más aún, la forma en la que se está seleccionando a los jóvenes es clientelar. El Censo de Bienestar deja en claro que detrás de los recursos está Morena, AMLO o la cuarta transformación. Ello los hace víctimas de intimidación pues, con tal de no perder el recurso, querrán votar por AMLO.

Segundo, en materia de corrupción la cosa va mal porque, con las prisas, se ha privilegiado cortar cabezas a mejorar procesos. Es decir, se cortan de tajo programas y partidas completas donde había evidencia de corrupción. Sin embargo, debido a que no se invierte tiempo en mejorar los procesos, lo que desaparece está siendo sustituido por algo que también podrá ser corrupto.

Más aún, la falta de licitaciones y la confianza ciega que se tiene en algunas personas del equipo, está dando pie a que se abran posibles conflictos de interés en materia energética y de construcción. Todo esto le puede llegar a cobrar la factura a AMLO si, como sucedió en Brasil, colaboradores cercanos al Presidente terminan permitiendo (sabiéndolo o no) malversaciones de dinero público.

Finalmente, en materia de seguridad la moneda está en el aire. La Guardia Nacional no tendrá ni la fuerza que querían los militares ni el diseño que quería Seguridad Pública. La forma en la que quedó constituida no permitirá a AMLO usar la fuerza como los militares hubieran querido y, por tanto, no saben si le podrán dar resultados.

Hay también un dilema de falta de coordinación y de egos e intereses.  Para tener éxito es necesario que se busque concertar los intereses y temperamentos diversos del gabinete (no se pueden estar peleando) y,  a su vez, que AMLO deje de tener la última palabra en todo. Las voces más moderadas (y no sólo las más leales) deben ser escuchadas. Si no son escuchadas no vale la pena que continúen dentro. Ser honesto es también saber cuando uno ya no puede hacer gran cosa.

Las voces más leales, que son más escuchadas, podrían tratar de identificar cuando no saben algo y obtener ayuda de quien sí sepa. Hay tres errores comunes que están cometiendo. Primero, equiparar dos eventos que suceden al mismo tiempo por dos eventos que se causan uno al otro. Segundo, recurrir al sentido común, y no a los datos más actualizados, para la toma de decisiones. Finalmente, creer que todos los problemas se resuelven con ganas y voluntad. Hay cosas complejas.

Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard

Twitter: @Viri_Rios

Temas: