Canciones contadas

Marc Myers entrega las “biografías” de 45 éxitos

En el ensamblaje de Losing my religion, de la banda estadunidense R.E.M., intervinieron sus cuatro integrantes: Peter Buck, Michael Stipe, Bill Berry y Mike Mills. Los “oyentes naturales” del exitoso track incluido en el disco Out of time —lanzado en febrero de 1991— eran jóvenes “que comenzaron a virar hacia los grupos de rock alternativo que cantaban sobre los desafíos, ansiedades y asuntos existenciales para los que no siempre había respuestas claras”. Relata Buck, el guitarrista, que en aquel entonces la banda estaba ya muy cansada de tantas giras y que en un descanso en su natal Athens, Georgia, se sentó en su sofá y se dispuso a tocar una mandolina. Los acordes primigenios de la canción, dice, brotaron prácticamente solos mientras veía en el televisor un partido de beisbol de los Bravos de Atlanta y tenía a la mano un magnetófono.

Por su parte, Mills recuerda que tuvo muchos problemas para no sepultar con su bajo la agudeza de la mandolina, pero lo resolvió preguntándose qué haría en ese caso su ídolo John McVie, de Fleetwood Mac. Stipe, el vocalista, también tuvo un reto, pues al escuchar la primera parte de cuerdas pensó en construir un relato de amor no correspondido al estilo de Every breath you take, de The Police. Dice Stipe que el título proviene de una vieja expresión del sur de EU, I almost lost my religion (casi pierdo mi fe), y que se le ocurrió cambiarle una palabra que al final le dio un giro a la letra que se refiere al introvertido y arrinconado de cualquier reunión: en un principio era that’s me in the kitchen (soy yo en la cocina), pero viró a  that’s me in the spotlight (soy yo bajo los focos), pues spotlight tenía una consonante más dura y funcionaba mejor. Por supuesto, atrás del conocido éxito noventero hay más elementos, pero baste citar los anteriores como una muestra de las perlas anecdóticas que el lector puede hallar en el libro Anatomía de la canción. Historia oral de 45 temas que transformaron el rock, el r&b y el pop, del periodista neoyorquino Marc Myers, que la editorial Malpaso lanzó recientemente en español.

En este compendio aparecen las “biografías” de canciones como Suspicious minds, de Elvis Presley; Light my fire, de The Doors; White rabbit, de Jefferson Airplane; Proud Mary, de Creedence; Maggie May, de Rod Stewart; Walk this way, de Aerosmith; London calling, de The Clash, o bien Love’s in need of love today, de Stevie Wonder, por citar algunas. En cada capítulo vive una historia mínima de aquel tema que, luego de haber germinado gracias a la mezcla de genio y azar, cimbró la industria discográfica y a la radiodifusión, quedando como un legado de la música popular producida por creadores estadunidenses y británicos. Tal es el caso de Heart of glass, de la banda Blondie, formada en NY, en 1974. En su forraje, esta archiconocida canción —y en general, la música wave de Blondie— “era más accesible, y menos ‘ofensiva’ que el punk, y representaba en gran medida el salto de la desolación gótica al ‘art rock’. Y, a diferencia de muchas cantantes punk del momento, Debby Harry no se confundía con un cadáver”.

Cuenta el guitarrista Chris Stein –y coautor de la letra junto a Harry– que originalmente la parte esencial del tema decía soon turned out, he was a pain in the ass (pronto se vio que era un grano en el culo), pero debió cambiarse a “sugerencia” de la radio. Stein cambió el verso final a heart of glass y la canción se redimensionó. Otros dos casos memorables son Whole lotta love, de Led Zeppelin (aparecida hace medio siglo) y Mercedes Benz, de Janis Joplin, aparecida en enero de 1971. En el primer caso, la pericia de Jimmy Page transfiguró un “accidente” de Robert Plant –traslapó su propia voz cuando se grababa– en el jadeo más famoso del rock. En el segundo, fue el talento lírico de Joplin el que, en un arrebato de inspiración, hizo germinar un verso del poeta Michael McClure —en el que le pedía a Dios que le comprara un auto de lujo— en la última canción que Joplin grabó en su vida. Ese tema lo escribió en un bar antes de un recital en agosto de 1970. Media hora despúes la estrenó a capella (Acapulco, solían decir los integrantes de su banda). Pasados dos meses, el mundo sabe, una sobredosis de heroína apagó la vida de Pearl.

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