Creo que soy estúpido
Empieza un nuevo año y la sensación que me ha acompañado desde su inicio es la de que no estoy haciendo las cosas como debería, de que voy al revés, de que es inútil seguir como voy, de que lo que mis padres y la escuela me enseñaron no sirve, de que soy francamente ...
Empieza un nuevo año y la sensación que me ha acompañado desde su inicio es la de que no estoy haciendo las cosas como debería, de que voy al revés, de que es inútil seguir como voy, de que lo que mis padres y la escuela me enseñaron no sirve, de que soy francamente estúpido. No vaya usted a pensar mal de mí, pues no traigo ningún problema de autoestima o de identidad personal, ni estoy diciendo que sea tonto o ignorante, tampoco tengo síntomas de pesimismo o depresión, no, simplemente digo que me siento estúpido. Esta incómoda sensación me obliga a definir la estupidez citando al diccionario de la Real Academia Española como la “torpeza notable en comprender las cosas” así que, dado el estado que guardan, este 2015, las cosas inherentes al comportamiento social, la política, la economía, la educación, la empresa, la …, la…, y muchos más “las”, declaro públicamente mi notable torpeza para comprenderlo, luego, debo ser estúpido.
Mi estricta formación…
Al pensar en mi proyecto de vida mi papá siempre me dijo que podía hacer lo que quisiera, lo que más me gustara, siempre y cuando me esforzara en ser el mejor, “si vas a hacer algo, hazlo bien”, eran las palabras textuales que sólo llegué a entender cuando empecé a ver los frutos que esa forma de actuar arrojaba. Soy, pues, un miembro de la cultura del esfuerzo que me permitió comprender que el verdadero significado de aristocracia no era el de alcurnia ni de clase social privilegiada poseedora de gran riqueza material, sino el del poder del mejor. Por otro lado, mis abuelos me inculcaron el sentido del honor, la probidad y el civismo como tres cualidades que distinguían al hombre bueno del malo, así que, combinando sus enseñanzas, desarrollé una forma de ser que me impulsa a dar lo mejor de mí, a honrar la palabra, a cumplir con mis obligaciones y a contraer solamente los compromisos que sé que cabalmente voy a cumplir.
La consecuencia…
Debido a lo anterior y aunque sé que todavía tengo muchos defectos y cometo varios errores, es que pago impuestos, no tiro basura en las calles, trato de hablar y escribir correctamente, uso mis direccionales y me formo en la línea para dar vuelta, honro la palabra, soy puntual, soy buen pagador, no le quito a nadie lo que es suyo, hago tratos cuidando el beneficio mutuo, sirvo con buena calidad y una serie de formalidades más que ya empiezo a considerar estúpidas.
¿Seré estúpido?..
Basado en hechos, hoy compruebo que si pago lo justo no recibo a cambio lo correspondiente, que si me descuido me van a timar, que lo que otros me dicen no siempre es lo que hacen, que mi civilidad es considerada ingenuidad, que la ilegalidad no siempre se castiga o pronto se perdona, que a los retrasados se les da más plazo, que lo que me prometen no se cumple, que si exijo soy impertinente, que si corrijo soy altanero, que quienes mandan y decretan no son aristócratas, que se privilegia la ganancia sobre la calidad, que la violencia obliga a la negociación, que la imposición me la venden como democracia, que se equipara la ética con la obsolescencia, que el cinismo se olvida, que la honradez representa candidez, que la realidad se disimula con eufemismos, que la ignorancia permite la demagogia, que la intolerancia se protege con derechos, que el deber y el hacer ya no están relacionados y que el dinero es admirado con desmemoria de su procedencia, razones suficientes para justificar el sentirme notablemente torpe para comprenderlas por lo que mi sentir estúpido está plenamente justificado. Sólo faltaría hacerme la pregunta: ¿No será que lo soy y el equivocado soy yo?
*Rector del Colegio de Imagen Pública
Twitter: @victor_gordoa
