En obra negra

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

La renuncia de Guadalupe Taddei fue la parte sencilla. Filtraciones, videos, un comunicado y una despedida llena de serenidad fueron suficientes para dejar vacía la silla. Lo difícil empieza ahora, cuando el instituto debe revisar sus cimientos antes de que alguien se apresure a pintar la fachada con la nueva presidencia que los diputados nombrarán en diciembre. En México, una capa de pintura suele presentarse como reconstrucción hasta que llega la lluvia y se revela la humedad y podredumbre.  

Hay varias goteras que atender. Las primeras son las compras. Terreno en el que el INE no puede pedirle consejo al gobierno federal, cuyas licitaciones no salen ni por error. La compra consolidada de medicamentos, por ejemplo, dejó sin adquirir seis de cada 10 claves y puso al sistema de salud en crisis. Con esa asesoría, las boletas de 2027 podrían llegar después de las elecciones. El instituto necesita abrir un padrón de proveedores, licitar en serio y dejar las adquisiciones en manos de un comité que no favorezca a sus amigos.

Otra fuga fue la que destapó Aurora Zepeda en Excélsior. La periodista recogió testimonios de trabajadores del Órgano Interno de Control, la oficina encargada de combatir la corrupción, señalando que fueron obligados a entregar una parte de su salario para conservar la plaza. La Auditoría Superior de la Federación ya mandó a auditar a los auditores, porque todo indica que en el INE hasta quien debe cuidar las manos necesita supervisión.

Se requiere, además, una investigación seria, no de las que acostumbra la Fiscalía General de la República, de Ernestina Godoy, cuyo método consiste en buscar con tanto cuidado que no se encuentra nada y, por eso, sorprendentemente, todavía no ha podido encontrarle nada al exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya ni a Andy López Beltrán ni a su amigo Amílcar Olán. En el INE, una pesquisa de adorno saldría muy cara porque está en juego la confianza de quien cuenta los votos. 

Empezar a reconocer los errores podría ser una buena manera de evitar caer en ellos. Resulta muy cómodo exhibir desde Palacio Nacional videos para recordar que Lorenzo Córdova nombró a Taddei en Sonora, convirtiéndolo así en el nuevo comodín del gobierno cuando la culpa ya no alcanza ni con Felipe Calderón ni con García Luna. Taddei es políticamente de Morena, aunque ahora quieran presentarla como una conocida lejana. 

Cuando Taddei llegó a la presidencia del INE por una tómbola, la bolita salió de una Cámara con mayoría oficialista. Fueron los diputados de Morena quienes le permitieron nombrar a todos los funcionarios del INE, con quien creó una red de corrupción. Adicionalmente familiares de la expresidenta ocupan cargos en gobiernos y espacios políticos de Morena. Incluso Andrés Manuel López Obrador la calificó como “progresista”, un adjetivo de una precisión admirable, porque pocas familias han progresado tanto en tan poco tiempo. 

Con el nombramiento de la sucesora se corre el riesgo de salir de Guatemala para entrar en guatepeor. En Morena, los procesos de evaluación se han convertido en un trámite incómodo para que, al final, terminen imponiendo a los suyos. Una presidenta que llegue al cargo teniendo con padrinos morenistas será garantía de comicios cuestionados.

Las elecciones ya están a la vuelta de la esquina. Lo que sigue para el INE es demostrar que la crisis sirvió para algo más que cambiar el nombre en la puerta de la presidencia. Deberá comprar sin amigos, investigar sin miedo, controlar a quienes controlan y elegir a una sucesora que no llegue con la autonomía fiada. La confianza y la credibilidad no se pueden licitar y ni tampoco recuperarse con una pintura nueva.