Las elecciones intermedias en Estados Unidos

El proceso electoral que se está celebrando en Estados Unidos y que tiene en el 3 de noviembre su fecha estelar, será histórico y extraordinario para la vida de nuestros vecinos del norte. Y también para el resto del mundo. Estas elecciones intermedias se celebran en un contexto de caos interno y de disminución notable de la popularidad del presidente Donald Trump (la aprobación de su gestión presidencial va de 31% –Reuters– a 38% –RCP–, la más baja para un presidente en toda la historia reciente), quien ha sufrido un enorme desgaste debido a decisiones controversiales, entre las que se encuentran su terrorismo arancelario y migratorio y su guerra contra Irán, entre otros casos de gran calado.

Trump se ha venido desgastando debido a su retórica agresiva y confrontativa contra todo lo que se le atraviese. Su confrontación con la prensa crítica a su gestión, como The New York Times y CNN, así como contra la oposición a la que ignora o denigra cuando le critican su decisión –traicionera a la ciudadanía, argumentan– de involucrar a EU en un conflicto bélico en Oriente Medio, al que se había comprometido a no buscar. En efecto, la guerra iniciada el 28 de febrero contra Irán y que ha provocado el cierre parcial del estrecho de Ormuz –cierre que ha pasado por varias etapas–, ha impactado en un aumento en los precios del petróleo y, en consecuencia, en las gasolinas y el diésel en EU. Esto ha encolerizado a los votantes, quienes critican que esto ha provocado una espiral inflacionaria con impactos negativos en los precios de alimentos y diversos insumos básicos. El aspecto social también está cuestionado. Ante las brutales razias de ICE en contra de los migrantes legales e ilegales, se palpa un creciente descontento entre sectores sociales, principalmente en las regiones y estados en donde ICE ha operado más salvajemente, como son los estados de California, Texas y Minnesota (sólo recordar el asesinato de los dos ciudadanos estadunidenses de raza blanca), en donde la población hispana (de la que la mexicana es mayoría) ha resentido en mayor magnitud la agresiva política migratoria de Trump y Stephen Miller, su halcón más destacado y sanguinario en la Casa Blanca.

En el momento en que esto se escribe, las tendencias en la elección de la Cámara baja es de 55% para los demócratas, frente a 45% de los republicanos, según NBC. Están en juego 435 escaños. La actual correlación de fuerzas da a los republicanos 218 contra 214 de los demócratas, una diferencia de cuatro asientos. Dada la estimación en la tendencia de votación, se calcula que, si el Partido Demócrata gana la Cámara baja, podría haber una mayoría demócrata de alrededor de 15 escaños. Todo dependerá de cómo se muevan las tendencias en los estados redistritados, principalmente a instancias de los republicanos, que buscan desplazar al voto demócrata, sobre todo aquel compuesto por las minorías afroestadunidense e hispana. El senado está actualmente organizado por 53 senadores republicanos, 45 demócratas y dos independientes, un total de 100 curules senatoriales. Los estados clave de los 35 que son elegibles, y en donde la contienda es más reñida, son Michigan, Ohio, Texas, Alaska, Kansas, Maine y Carolina del Sur, en los cuales los demócratas llevan una ventaja que llega a 2.5 puntos. Iowa y Nebraska actualmente apuntan a favorecer al Partido Republicano. Contiendas muy cerradas, pues, entre las que destaca la de Texas (estado rojo por muchos años) en donde el joven candidato James Talarico supera al senador republicano Ken Paxton. Si bien Texas se ha inclinado en el último lustro hacia los demócratas, de ganar el partido azul estaría dando una voltereta radical a la correlación de fuerzas en ese estado en donde los ultraconservadores han prevalecido. En el ámbito de las gobernaturas también el clima está caliente. El 3 de noviembre habrá elecciones en 36 estados y tres territorios, de los cuales ocho se encuentran en cerrada disputa: Wisconsin, Texas, Florida, Georgia, Kansas, Oregon, Nevada y Ohio. Texas, de nuevo, uno de los más competidos. La gente quiere un cambio en el poder estadunidense, toda vez que Trump ha erosionado la confianza de la sociedad. El magnate es el responsable directo de la hecatombe que vive su partido, diversos sectores del cual no pueden verlo ni en pintura, y a quien le atribuyen estas desventajas que, si se concretan en los resultados finales, disminuirán el poder del trumpismo, de MAGA y de la presidencia unitaria que tanto perjuicio ha causado a las relaciones de Washington con el exterior; todo lo cual afectará inevitablemente al republicanismo moderado. Un resultado adverso a Trump y a los republicanos pondría un alto al populismo de extrema derecha que tantos seguidores ha obtenido en AL y Europa y, con esto, invertir la correlación de fuerzas hacia las presidenciales de 2028 y contener el extremismo de Trump. Está por verse si los demócratas podrán superar la fragmentación que hoy viven y que tiene a ese partido polarizado seriamente entre la facción progresista y de avanzada, y una de centro moderado, más conservadora, y quizás más realista para el Estados Unidos del trumpismo locuaz y demagógico que hemos padecido.