Transformación o…

“Todo cambio es bueno”. Esta frase, moderna y optimista, suele ser bien recibida sin mayor reflexión; sin embargo, es falsa. Por ejemplo, pasar de una buena oxigenación al paro respiratorio es un cambio, pero no es bueno. Para saber si un cambio es bueno se debe ...

“Todo cambio es bueno”. Esta frase, moderna y optimista, suele ser bien recibida sin mayor reflexión; sin embargo, es falsa. Por ejemplo, pasar de una buena oxigenación al paro respiratorio es un cambio, pero no es bueno. Para saber si un cambio es bueno se debe suponer el finalismo, es decir, pensar que existe un destino ideal hacia el que queremos evolucionar y que sirve de referencia para saber cuándo los cambios son un progreso y cuándo un retroceso. Si en algún momento puede sernos útil hacer esta reflexión, sin duda es justo ahora. Como es sabido, los principales ejes que llevaron a la actual administración al triunfo en las votaciones de 2018 fueron el combate a la corrupción, a la pobreza y a la inseguridad pública. La estrategia que ganó las elecciones pasadas lo hizo espoleando el encono generalizado contra una élite política indeterminada, pero presuntamente corrupta e incapaz, y a eso se le bautizó como la Transformación. Ahora podemos, y debemos, hacer una evaluación de dichos cambios con los datos verificables. En el rubro del combate a la corrupción habíamos avanzado de la posición 138 en 2018, a la 124 en 2020 (año de pandemia), de entre 180 países, según el Índice de Percepción de la Corrupción desarrollado por Transparencia Internacional. Sin embargo, en 2022 retrocedimos al puesto 126, en el cual aún permanecemos estancados, y ningún “pez gordo” ha sido sancionado por los casos más sonados (Odebrecht, Agronitrogenados, Estafa Maestra, Caja Libertad, Segalmex). En cuanto a la pobreza, en 2023 se anunció que ésta había disminuido de 41.9% a un histórico 36.3% (5 millones menos de personas pobres). Hoy sabemos, gracias a los estudios estadísticos hechos por el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos y por analistas de la UNAM, que el cálculo estadístico estuvo involuntariamente sesgado por una mejora en la capacidad de captar el ingreso de los hogares en las encuestas realizadas por Inegi. Con las correcciones estadísticas pertinentes, resulta que sólo bajó del 40% al 39.2 por ciento. Paradójicamente, según el Coneval, en ese mismo periodo, 30 millones de personas se quedaron sin acceso a servicios de salud. En cuanto a seguridad, en 2023, el Inegi registró el menor nivel de percepción de inseguridad en diez años (59%). Curiosamente, según instituciones internacionales, México es el primer lugar en criminalidad a nivel mundial; las seis ciudades más peligrosas del mundo son todas mexicanas; y éste ha sido el sexenio más violento de la historia, dicho por el propio Presidente. Lo que hay que preguntarse es si la transformación podría ejecutarse con más pericia o si necesitaba empezar con una cancelación sin precedentes (NAICM), cuyos costos acumulados, hasta ahora, nos permitirían fondear a la UNAM durante cinco años o cubrir el gasto público en medicamentos durante casi tres; si requería que hubieran 224 mil muertos de más durante la pandemia (casi 4 escenarios “catastróficos”); si demandaba que viviéramos racionamientos de gasolina y agua; si era forzoso el retroceso en educación de 20 años que arrojó la última prueba PISA; si era inevitable tener el peor desempeño económico sexenal desde 1988, a pesar de la oportunidad histórica del nearshoring; si era indispensable tensar las relaciones con Argentina, Austria, Bolivia, Canadá, Ecuador, España, Estados Unidos, Israel, Panamá y Perú, etcétera. ¿Y si alguien más pudiera hacerlo mejor?

  • METAMORFOSIS

El ruso Jenya Bolotov pasó una década modificando sus lóbulos de las orejas, fosas nasales, ambos labios y el puente superior de la nariz (es la única persona a la que se le ha estirado quirúrgicamente), todo para emular a un ornitorrinco.

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