Recientemente se han dado dos casos de presunta discriminación por parte de un extranjero. El primero sucedió en la colonia Condesa de la Ciudad de México, donde, de acuerdo con el testimonio de un joven, una mujer angloparlante habría maltratado a un conductor en la calle para luego meterse a un restaurante a agredir a los meseros y al joven en cuestión. Comenzó exigiendo a gritos que le pidieran un servicio de Uber, ante lo cual, el comensal le sugirió que pidiera un taxi en la calle y le solicitó que fuera más amable con los empleados del restaurante. La mujer reaccionó llamando “malditos perdedores” a los meseros, golpeando al joven en el estómago y arrojando sus tacos al piso. De la mujer no se sabe, hasta el momento, si se encontraba en estado de ebriedad o bajo los efectos de alguna sustancia; del joven, gracias a una entrevista posterior en la que apostilló: “con México, no; y con los tacos, ¡menos!”, sabemos que está bien, que posee una gran templanza, consideración con los demás y un refinado sentido del humor (que seguramente heredó de su tío: el que escribe).
El segundo caso se dio también en la Ciudad de México, en la colonia Roma Norte. En una grabación que ha sido difundida se puede ver a un hombre que reclama a dos clientas por el volumen de sus voces en su conversación, argumentando que no se encontraban en un espacio público y que debían tener respeto por el resto de los comensales. Las mujeres responden que el espacio sí es público, ya que se encuentran en lo que se conoce como “terraza” del restaurante. Lo primero que habría que decir es que las mujeres tienen razón, ya que el artículo 14 de la Ley de Establecimientos Mercantiles, que es el que regula el uso que puede hacer un restaurante de un bien de dominio público (la banqueta) para instalar una terraza, previa autorización administrativa temporal, condicionada y revocable, establece que la banqueta continúa siendo pública y que el restaurante sólo renta temporalmente el derecho a usarla, pero conservando el peatón preferencia sobre ella.
Ambos casos han sido condenados en redes sociales como resultados negativos de la gentrificación. De la mujer del primer incidente no se sabe qué consecuencias tuvo para ella, pero del hombre del segundo caso, sí. Después de que se difundiera el video, al hombre, quien resultó ser músico (DJ), se le informó públicamente que quedaba cancelada su participación en un evento y que no volverían a trabajar con él; seguidamente, dio de baja todas sus redes sociales, incluyendo su canal de YouTube. Cabe preguntarse, sin embargo, si se trata de sucesos idénticos.
En ambos acontecimientos hay un enfrentamiento de un extranjero con mexicanos, y ambas colonias se consideran ampliamente gentrificadas, pero quizá merezcan ser analizados por separado. Es probable que pedir que alguien modere el volumen de su voz, estando en un lugar público, parezca una extralimitación, pero en realidad esto depende del grado de consideración que haya alcanzado una determinada sociedad. En Japón, por ejemplo, hay una norma social fuerte de no hacer demasiado ruido precisamente en espacios públicos. Esto viene de la idea de wa, “armonía”, que pone el bienestar del grupo por encima de la expresión individual, y de kuuki wo yomu, “leer el ambiente”, que es percibir lo que necesitan los demás, antes de que te lo pidan.
CONSTELACIÓN
En la antigüedad, el verbo considerare significaba literalmente observar con atención las constelaciones o estrellas. Actualmente implica tratar a las personas con el mismo cuidado, respeto y atención con el que los antiguos examinaban el firmamento.
