Del ecosistema a la fábrica de genios

La economía atraviesa la mayor transformación de su historia y se reconfigurará a la sociedad entera. Por eso importan las reflexiones de quienes lo están generando. Dos escritos recientes destacan. El primero es de Satya Nadella, director general de Microsoft, publicado en X y titulado Una frontera sin un ecosistema no es estable. El segundo es de Dario Amodei, director general de Anthropic, titulado Política en el exponencial de la inteligencia artificial.

NO REPETIR LA GLOBALIZACIÓN

Uno de los conceptos más poderosos de Nadella es no repetir el error de la globalización, en donde se tercerizaron muchos trabajos y, aunque los números macro lucían bien, ocultaban que se vaciaba a las economías industriales, en una referencia entre líneas al proceso de desindustrialización que golpeó al rust belt estadunidense y que provocó que ciudades y comunidades de Michigan, Ohio y Pennsylvania cerraran sus plantas. Nadella sostiene que debe evitarse que un número pequeño de compañías de IA capture todos los retornos económicos, y la solución que propone es construir un ecosistema de frontera y no únicamente modelos de frontera, donde por ecosistema entiende que el valor atraviese a cada compañía, industria y país, y que cada uno de éstos codifique su conocimiento institucional potenciando el capital humano con el capital de tokens de IA.

LA LENTITUD REGULATORIA

Dario Amodei plantea que los gobiernos son muy lentos para regular la tecnología, lo que genera riesgos de ciberseguridad, armas biológicas y pérdida de control, además de riesgos económicos y sociales. En cuanto a los riesgos de seguridad, propone un mecanismo de regulación apalancado en agencias como la FAA o la FDA, de modo que la agencia encargada de la IA analizaría los modelos para evaluar sus riesgos antes del despliegue. Unos días antes del escrito de Amodei, la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva mediante la cual el gobierno de EU tendrá acceso a los modelos de frontera durante 30 días, teóricamente de manera voluntraria, para evaluarlos antes de que sean desplegados al consumidor. A diferencia de Nadella, Amodei establece que en algún momento los humanos serán superados en tareas cognitivas con el concepto de “país con genios en un centro de datos” que se apalanca en la capacidad de los modelos para mejorarse a sí mismos con el potencial de acelerar la ciencia, la tecnología y la eficiencia operativa, creando un crecimiento económico rápido y robusto que, al sustituir habilidades cognitivas humanas, podría conducir a un escenario de hipercrecimiento con hiperdesigualdad. En materia laboral anticipa grandes disrupciones, pese a que Anthropic propone a sus clientes hacer más con su fuerza de trabajo y no centrarse en el ahorro de costos, y plantea instrumentos como el seguro salarial e incluso la renta básica universal. El enfoque de Amodei va más allá de lo económico y se ocupa de los efectos geopolíticos y de control social que la tecnología pone al alcance de países y gobiernos, por lo que propone reglas que limiten su uso bélico y su empleo en mecanismos de vigilancia y control social.

¿Y MÉXICO?

Ambos líderes coinciden en la profunda disrupción económica y social que generará la tecnología, aunque Nadella pone el acento en el ecosistema y Amodei en la regulación. La virtud del planteamiento de Satya es que su enfoque no depende de lo que haga China y aplica a lo que resta de la década; el de Dario apunta a un horizonte más largo, pero no menos preciso, aunque arrastra contradicciones internas, como lo evidenció la decisión, en apariencia política, del Departamento de Comercio de EU que frenó el despliegue del modelo Fable 5 y Mythos restringido. En México no estamos teniendo un planteamiento como país para entender cuál es nuestra estrategia, cómo abordamos los riesgos de un enfoque de EU cada vez más asertivo en el control de una tecnología que puede generar dependencias existenciales en el funcionamiento económico futuro, o si apostamos por los modelos abiertos chinos, que entrañan otros riesgos. Hasta ahora, la trayectoria de México es táctica, improvisada e inercial; al menos habría que sentar las bases para no quedar dislocados.