Alianzas electorales como imperativo

Morena ha hecho circo y maroma para asegurar que sus aliados, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, continúen en el pacto que lleva ocho años acordado. En este año no ha sido fácil. Existe un evidente componente de desconfianza entre ellos. Las dudas comenzaron cuando Claudia Sheinbaum presentó una reforma electoral que proponía eliminar las listas plurinominales. “Que cada quien gane sus diputaciones”, habría dicho la Presidenta, con un obvio desprecio por los partidos aliados. El cálculo presidencial iba en contra de los partidos opositores, pero el modelo electoral propuesto afectaba mortalmente a los aliados de Morena. En consecuencia, a la hora de votar la iniciativa presidencial en el Congreso, los partidos aliados de Morena se sumaron a la oposición ,y fue derrotada. Este incidente legislativo desnudó varias realidades políticas. En primer lugar, que la mayoría calificada en el Congreso no le pertenece a Morena, sino que se logra con la sumatoria del bloque partidista. En segundo lugar, el hecho de despreciar el bloque puede tener costos altos para el partido mayoritario. Por otro lado, demostró que, sin sus aliados, Morena no habría logrado su ilegal concentración de poder. Y, por último, el incidente demostró que las alianzas cuentan, y mucho. No hay enemigos pequeños.

En las negociaciones hacia las elecciones de 2027 Morena tuvo que ceder lugares importantes a los partidos menores de su bloque. Y lo que se puede concluir hasta ahora es que las concesiones (¿concertacesiones a la antigüita?) aún no han terminado por definirse todas. La razón es sencilla y de números: sin las alianzas entre los tres partidos, Morena corre el riesgo de reducir el número de gubernaturas que ocupa actualmente y perder la mayoría calificada en el Congreso de la Unión. El retroceso de Morena en las intermedias de 2027 tendría un significado político de la mayor importancia: le arrebatará a Morena su aura de invencibilidad. Sin eso, todo puede pasar.

Frente a la evidencia de Morena sobre la importancia de las alianzas y pactos entre los partidos, la oposición aún no ha comprendido su propia importancia. Inercias internas, supuestos arrebatos sobre la superioridad de sus plataformas ideológicas, “cálculos” electorales con muchos intereses personales atrás dicen que no convienen las alianzas. El PAN parece ser particularmente reticente a tomar los acuerdos necesarios para avanzar. Encuestadores, politólogos y advenedizos advierten que lo peor que le puede pasar a la alianza es que se reavive el mote del “PRIAN”. Desde ahora se les puede asegurar que estará dentro de la narrativa del bloque de Morena, junto con “traidores a la patria”, “ultraderechistas”, “injerencistas” y algunos más.

Es mejor saberlo desde ahora para no sorprenderse después. La votación se va a definir entre dos improperios electorales. La elección de 2027 será, retóricamente, la confrontación del “PRIAN” contra “Morena, narcopartido”. En términos históricos, ser “PRIAN” puede ser discutible para algunos o, incluso, repudiado por el pacto entre dos plataformas políticas de origen diferente. En cambio, definir a Morena como un “narcopartido” es reconocer que existe un pacto consciente entre un partido político y organizaciones del narcotráfico. 

Morena combate la posibilidad de la alianza entre el PRI y el PAN. Lo percibe como un peligro, y presiona a los dirigentes a que no acepten el acuerdo. El hecho de que Morena se esfuerce por impedir esa alianza es justificación suficiente para que proceda. Morena defiende sus alianzas mientras ridiculiza a los otros. ¿Es necesario argumentar más a favor de la alianza PRI-PAN?  Para encauzar el país de regreso a una ruta democrática, la alianza PRI-PAN es un imperativo categórico.