¿Rendición?

Lo que en algún momento se vio como una victoria inminente y una operación militar pensada de manera sabia por el hombre más poderoso del mundo, finalizó como una rendición maquillada de victoria.

Fueron 108 días de ataques en Irán, Israel, Oriente Medio y en ceses al fuego que prolongaron un acto destinado a terminar peor de lo que inició. 

La guerra con Irán no estaba planificada para durar demasiado. Ningún pronóstico proyectaba una gran duración. Se entiende la diferencia entre países y sus capacidades militares. Se entiende el poderío estadunidense. Se nos vendió que Estados Unidos derrocaría al régimen iraní en un mes o en ocho semanas. Algunos se aventuraron a decir que sería en cuestión de días. También, que la única manera de terminarse dicho conflicto sería bajo una rendición inminente por parte de Teherán. Sin embargo, los escenarios fueron cambiando de manera paulatina. ¿Por qué? Tengo la impresión de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no supo manejar bien el conflicto a su favor. Su natural desesperación lo llevó a perder la narrativa con Irán. Sus mentiras eran más que obvias. Sus decisiones no se aprovecharon al máximo en la región. Necesitó en todo momento la ayuda de sus aliados para tratar de buscar una mediación al irse complicando su guerra, mientras él se proclamaba como el líder de las negociaciones presumiendo sus dotes de negociador. Su método “el arte de negociar” no funcionó. Sus presiones fracasaron. Sus ceses al fuego sólo hicieron que cualquier negociación se basara en lo que Irán pedía. Se llegaron a 40 afirmaciones de un acuerdo, cuando nunca existieron. 

Fue, a mi parecer, Donald Trump, el principal responsable del fracaso en Oriente Medio. Las cosas se le salieron de control. Su terquedad, su ego y sus formas lo llevaron a que Estados Unidos tuviera que aceptar concesiones que se suponían inimaginables durante su segunda administración.

Los escenarios, al igual, cambiaron debido a que Irán aprovechó tres cuestiones que dieron un giro importantísimo en la guerra: 1- El caos realizado en Oriente Medio sin que realmente EU pudiera proteger a la región. 2- Cerrar el estrecho de Ormuz a conveniencia y crear un descontrol en los precios mundiales del petróleo. 3- Usar a sus proxies como instrumento de negociación. Israel tenía que recular ante un impaciente Trump.

Irán, supo manejar sus cartas y defensas. Resistió ataques por parte de Israel y Estados Unidos. Murieron importantes funcionarios del régimen, pero la estructura nunca se debilitó. Al contrario, se radicalizó con el poder que de alguna forma tomó la principal cúpula de la Guardia Revolucionaria Islámica dentro del gobierno iraní. Sí existe la figura de un nuevo ayatolá, sí hay un presidente y sí hay un ministro de exteriores, pero al final, la CGRI se adueñó de las decisiones que dependen del funcionamiento del régimen iraní.

Ante lo explicado, esta guerra me deja una sensación de derrota o rendición para Estados Unidos. Terminó con un memorando de entendimiento que se firmó y podría sellarse como un acuerdo Obama 2.0 con todavía más privilegios para el enemigo. En pocas palabras, peor.

Los 14 puntos del memorando actual representan una victoria sistemática para el régimen; no para el pueblo iraní. Estados Unidos tendría que pagar a través de un fondo la cantidad de 300 mil millones de dólares a Irán.

Los objetivos iniciales quedaron en nada. Se esfumaron.

Trump perdió una guerra que le costará caro en noviembre de este año.