Esta semana, se cumplieron tres años de la marcha del grupo mercenario ruso Wagner de la ciudad de Rostov del Don a Moscú, la cual pudo haber generado un golpe de Estado en Rusia o un cambio significativo en la guerra con Ucrania. ¿La recuerda?
Yevgeny Prigozhin, jefe del Grupo Wagner, decidió hace tres años atrás desafiar al Kremlin y al Ministerio de Defensa de Rusia, al marchar desde el sur ruso hasta la capital rusa. Más de 20 mil hombres leales a Prigozhin estaban decididos a ser escuchados por las autoridades rusas. Las cosas no se estaban haciendo bien dentro de la guerra. La capitulación ucraniana no vendría de una operación militar. Había diferencias entre el ejército ruso y los mercenarios rusos. Eran dos bandos distintos peleando para el mismo país.
Las tensiones crecieron al avance del Grupo Wagner. La mayoría de la gente apoyaba al grupo mercenario. Recuerdo con atención las imágenes y los videos de personas saludando a los convoyes que pasaban por pueblos y ciudades. Agentes del FSB y mismos soldados rusos dejaban pasar a los convoyes mercenarios sin poner resistencia. No se matarían entre hermanos. La confusión era compleja, pero Prigozhin era un emblema importante dentro de la lucha rusa en Ucrania. El Kremlin no se podía creer que la ciudadanía rusa estuviera apoyando más a un grupo de mercenarios que al mismo ejército ruso. Había una diferencia de apoyo bastante genuina.
Ante esto, las autoridades federales se preparaban y atrincheraban en Moscú ante la llegada de Prigozhin. Existían amenazas, declaraciones y cuestiones que daban por entendido que se derramaría sangre a las afueras de la capital rusa. El objetivo era llegar al corazón de Moscú.
Mientras todo se alistaba, el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, decidió intervenir o mediar. Yevgeny Prigozhin decidió parar por completo su avance. 200 kilómetros de distancia separaban al líder mercenario ruso de llegar a Moscú. Se le dieron garantías a él y a sus hombres de no ser perseguidos. Se fueron a refugiar a Bielorrusia. Lukashenko les dio un espacio de tierra cercano a la frontera con Polonia. Dos meses después, Prigozhin murió en circunstancias bastante extrañas dentro un jet privado al viajar de Moscú a San Petersburgo. Su jet privado se estrelló en la región de Tver al explotar en el aire. Toda la tripulación pereció, incluidos sus más allegados miembros de Wagner.
Investigaciones se realizaron. Fragmentos de granadas se encontraron en los cuerpos de la tripulación y en el jet privado. Se dijeron muchas cosas, pero sinceramente, todos entendimos de manera lógica quién mató a Prigozhin. La traición se paga muy caro en Rusia. El mismo presidente Vladimir Putin ha declarado que es capaz de perdonar, pero no todo. La traición no es perdonada por el mandatario ruso.
Prigozhin murió, y el grupo Wagner se disolvió. Pasaron tres años de una marcha que hubiera podido cambiar las cosas en el poder ruso.
El líder mercenario veía de una manera distinta la guerra en Ucrania. No se equivocaba. Era más analítico. Sabía que eran necesarios varios cambios dentro de la guerra.
Hoy, Ucrania ha aprovechado los errores de Rusia. Hoy, Ucrania ha sabido cómo debilitar a Moscú. La guerra está dentro de Rusia. Se comparte. El miedo se siente en ambos países. Las mentiras no se pueden encubrir. La realidad llegó a Rusia y a Crimea. Se viene un verano complicado para Rusia. Las cartas, ahora, las tiene Ucrania.
NOTA DIPLOMÁTICA
Colombia y Perú han decidido virar hacia la derecha.
