¿Una nueva visita a Moscú?

Desde principios del mes, el gobierno de Estados Unidos declaró sus intenciones de realizar una nueva visita a Moscú para hablar con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Estarían acudiendo los negociadores estrella de siempre: Steve Witkoff, enviado especial para Oriente Medio, y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. Se necesitaban reiniciar las negociaciones sobre Ucrania y buscar nuevas perspectivas para intentar terminar la guerra después de que casi todo diálogo se enfriara desde el mes de junio de este año.  

La última visita a Moscú se dio a finales de enero dejando la puerta abierta, pero sin llegar absolutamente a nada. Sólo fue conversar, escuchar clases de historia rusa y entender lo que pedía el mandatario ruso. Por ende, Donald Trump decidió no continuar con ninguna otra visita. No existían las condiciones ni las ganas de Rusia o Ucrania para llegar a una negociación mutua. Los viajes a Moscú pararon, pero se prosiguió con los contactos entre las administraciones de Zelenski y Putin. 

Después, Trump se ocupó y enredó en su mayoría con Irán. Las prioridades cambiaron. Rusia y Ucrania seguían en el aire, pero Estados Unidos ya no estaría mediando o tratando de negociar. 

Al pasar un poco el tiempo y llegar a mediados de año, el tema de Ucrania volvió al escritorio de la Oficina Oval de la Casa Blanca. Las cosas estaban cambiando. Ucrania tenía su momento. La guerra estaba cambiando a favor de los ucranianos. De repente, Zelenski tenía varias cartas. Moscú, no. Algo despertó en Washington.

Entonces, Donald Trump decidió reunirse con Volodímir Zelenski en Ankara, Turquía, a principios de julio en el marco de la más reciente cumbre de la OTAN prometiendo cosas favorables para Ucrania. Semanas después, ambos mandatarios conversaron en Washington durante los funerales del senador republicano, Lindsey Graham. El desenlace fue positivo, pero lo que se había prometido quedó en el limbo o en nada. 

De ahí, es que surgió el interés de un nuevo viaje a Moscú para ver a Putin. Al igual, la intención de que Witkoff y Kushner pudieran visitar Kiev. 

¿Qué es lo que tenemos al día de hoy? 

El Kremlin espera alguna noticia por parte de la Casa Blanca. Rusia no declina recibir a Witkoff y Kushner, pero sí necesita saber cuál es la agenda o qué propuestas nuevas tienen los negociadores estadunidenses entorno a la guerra con Ucrania.

Por el momento, no hay fecha definida o una señal que lleve a fijar la visita a Moscú. Putin no se sentará a tomar té o comer galletas con Witkoff o Kushner. Realmente, no hay algo que pueda convencer al mandatario ruso. No se quiere llegar a un enfriamiento o a un cese al fuego. Rusia desea continuar sus hostilidades en territorio ucraniano. 

Ante esto, me da la impresión de que una visita se podría realizar durante las próximas semanas, pero con el resultado de siempre: nada. 

Acudir a Moscú es una pérdida de tiempo. Asimismo, a Kiev. 

Donald Trump no es un buen mediador. La guerra en Ucrania no parará en los próximos meses. Se necesitan definiciones; no dobles discursos.

NOTA DIPLOMÁTICA

1- ¿En qué se convirtió la actual política exterior estadunidense?

2- Dicen en Pyongyang que ni enterados están de alguna comunicación por parte de Kim Jong-un con Donald Trump. ¿Será verdad que hay una comunicación entre Trump y Jong-un?

3- No hay que mezclar la soberanía ni el populismo con una revocación de visado. Una visa no es un derecho, sino un privilegio y un permiso temporal otorgado por un país soberano.