López Obrador persigue a periodistas

Al publicar los datos personales, se violaron varias leyes

Hoy sabemos que siempre que el Presidente dice que algo no es, justamente eso es. Cuando dijo que no dejaría que su familia robara, mintió. Cuando aseguró que él no era corrupto, nos engañó. Cuando se describió como un demócrata, nos quiso engañar.

De la misma manera, el mandatario mexicano también ha dicho en repetidas ocasiones que él no persigue opositores o periodistas, pero lo cierto es que lo hace de forma descarada. Dedica mucho de su tiempo en amedrentar a quien habla mal de él y de su gobierno.

Ahora, López Obrador golpea —de la manera más ruin— a María Amparo Casar, presidenta de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), una de las voces más relevantes en estos tiempos oscuros para nuestra democracia.

¿Cuál fue su pecado? Decir en la presentación de su libro Los puntos sobre las íes. El legado de un gobierno que mintió, robó y traicionó, que el daño a la democracia ya está consumado y costará trabajo recuperar la institucionalidad y eficacia burocrática del gobierno.

La realidad es que a López Obrador no le ha bastado atacar a María Amparo en 69 ocasiones en sus conferencias mañaneras, sino que ahora hace público, de forma ilegal e inmoral, el expediente de la muerte de quien fuera su esposo, Fernando Márquez Padilla García, ocurrido hace 20 años en instalaciones de Pemex.

Sin ningún fundamento, sino sólo con su —errático— criterio, ordenó a uno de sus bufones, Octavio Romero Oropeza, director de la petrolera mexicana, decir que la muerte de Fernando fue un suicidio y, por lo tanto, no tenía derecho a la pensión que ha recibido por dos décadas María Amparo, a quien le suspendieron todas las prestaciones y le quieren cobrar 31 millones de pesos “indebidamente pagados”.

López Obrador y Romero Oropeza no tienen ningún elemento para hacer esas afirmaciones, sino un expediente y las ganas de atacar, con todo lo que pueden, a una ciudadana que se atreve a decir la verdad. Una persecución digna de un tirano.

El Presidente nos confirma, otra vez, que cree estar por encima de la ley, pues, al publicar los datos personales del caso, violó varias leyes.

Además, existiendo tantas necesidades en el país, como revertir que Pemex quiebre al gobierno de México, se mueven por la venganza.

Pero no debería sorprendernos. Desde siempre el presidente López Obrador lucra con el dolor de los mexicanos y no demuestra ningún tipo de remordimiento al hacerlo. No existe ni una pizca de dignidad o de honestidad en su actuar, cegado por el odio.

Pero no se da cuenta el “demócrata” que lo único que enseña es de qué está hecho. ¡Fuera máscaras! En el ocaso de su triste y desperdiciada administración nos está evidenciando que en lugar de perseguir a las organizaciones criminales se ha dedicado a armar expedientes en contra de opositores al régimen, como María Amparo Casar, y ha utilizado a las agencias de inteligencia para sus propios fines.

Para eso tiene al Ejército, la Marina, la Guardia Nacional, la Unidad de Inteligencia Financiera y, por supuesto, a la Fiscalía General de la República. Pero eso sí, a los criminales no los toca ni con el pétalo de una rosa. No se vayan a enojar y operen en su contra en las elecciones.

Qué grande le quedó México a nuestro Presidente.

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la UniversidadPanamericana

X: @ralexandermp

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