Uno de los efectos del incremento en la esperanza de vida está relacionado con la aparición de enfermedades crónico degenerativas, hablando de patología, pero también es el incremento vertiginoso en el número de personas que transitan por la falla de las gónadas. Es una transición en la vida, por completo normal y fisiológica. A principios del siglo XX eran muy pocas personas que la padecían porque, simplemente eran menos quienes vivían hasta ese momento. Hoy, una mayoría de personas no sólo llegamos a esa edad, sino que la rebasamos por muchos años.
Se caracteriza por un cambio relativamente brusco que es el cese de producción hormonal de las gónadas, que se acompaña por una serie de manifestaciones clínicas de diversa intensidad. Dolores de cabeza, bochornos, cansancio, insomnio, disminución de la libido, son de los más comunes, tanto en hombres como en mujeres, y la ciencia el día de hoy nos ha entregado muchas posibles soluciones, especialmente para el caso de las mujeres cuyos síntomas son más agudos y puntuales.
El cuadro clínico generalmente se presenta cerca de la menopausia, que es la última menstruación de una mujer. Sabemos que es la última cuando ya transcurrió un año sin presentarse de nuevo y esto ocurre en México alrededor de los 49 o 50 años, pero la sintomatología frecuentemente la precede y puede continuar durante algunos años posteriores.
La mejor forma de abordar el problema desde el punto de vista clínico es partir de las bases fundamentales del escenario de cada mujer para personalizar la posible solución. Es indispensable partir de lo que hoy llamamos el estilo de vida, es decir la dieta, las costumbres, la actividad física, y todo lo que la rodea que puede condicionar estrés. Cada uno de esos factores pueden ser modificables y desde luego es importante que el clínico intente evidenciar frente a su paciente el peso de cada elemento.
Está demostrado por la ciencia que un estilo de vida más saludable mejora la sintomatología, pero con frecuencia eso no es suficiente y debemos utilizar toda una gama enorme de herramientas farmacológicas que también pueden ayudar a cada mujer. Desde luego es muy importante hacer énfasis en que los medicamentos no serán para siempre, aunque ella sienta un alivio muy importante, ya que también significan algún grado de riesgo.
Visto de esa forma, los que nos dedicamos a estos temas, siempre permanecemos en una actitud de equilibristas, debemos primero que nada, brindarle a nuestras pacientes el alivio más eficaz en el menor tiempo posible, pero simultáneamente debemos también ponderar los riesgos de cada camino terapéutico, con la obligación ética insoslayable de comentar cada detalle con las mujeres bajo nuestro cuidado, para que ellas participen activamente en la toma de decisiones en un tema tan delicado, como tratar síntomas, sin que medie una enfermedad, ponderando los riesgos implícitos.
Personalmente he tenido satisfacciones muy evidentes, desde el punto de vista profesional, cuando puedo apreciar mejoría en la vida de una mujer bajo estas circunstancias.
