Desde luego, parece sensato aplicar alguna sanción a un multicitado personaje que urdió un plan para matar perros en un céntrico parque de la Ciudad de México, pero siempre sirve contextualizar para entender las razones. Según datos de la prensa, existen evidencias de que el hijo del delincuente sufrió el ataque de un perro que probablemente estaba sin correa en la calle y me atrevo a plantear la hipótesis de que nadie fue sancionado por la agresión. De esta forma se obtiene una mezcla cuyo resultado es el peor posible: una persona es atacada por un can, los dueños del animal no son castigados, entonces el familiar elabora un plan de venganza personal con el objetivo de matar perros. De ninguna manera se justifica la venganza, pero ese tipo de respuestas violentas aparecen frecuentemente frente a la ausencia de autoridad y carencia total de Estado de derecho. En esa medida se parece a un fenómeno que vimos también hace unos días del linchamiento que ocurrió en alguna población pequeña por el enojo provocado frente a la inacción de la autoridad frente a injusticias evidentes o delitos que nunca se persiguen.
La autoridad encargada de la investigación y la administración de justicia tiene entonces un grado de responsabilidad que frente al enojo popular se deja de poner en evidencia. Personalmente también siento mucha molestia con el sujeto que mató a los perritos, pero me parece que todas y todos debemos señalar los hechos previos también. Todos debemos respetar las reglas de convivencia con nuestras mascotas; si vamos a salir al espacio público debe ser con nuestros perros atados con correa y supervisados en todo momento para evitar que agredan a cualquier ente vivo circundante, y las autoridades deben vigilar el cumplimiento de esas reglas puntualmente. Si aparecen personajes que no cumplen y, en el extremo, sus mascotas agreden a alguien, se deben aplicar sanciones con toda la severidad del caso, además de exigir que se reparen los daños integralmente a las personas lesionadas. De ninguna manera es razonable quedarse en la superficialidad de sólo exigir castigo al señor mataperros, urge que la autoridad supervise y tome acciones concretas para prevenir las causas de estas terribles conductas, que radican evidentemente en prevenir agresiones de perros en la vía pública. Propongo que se debería recoger a cualquier perrito que circule por la calle sin identificación, libre y sin correa, para conducirlo a un albergue temporal mientras aparecen los propietarios, a quienes se debe multar. En los países más avanzados no existen “perros callejeros” y los reglamentos obligan a la aplicación de chips de identidad subcutáneos para que frente a cualquier evento se pueda identificar al dueño del animalito. Mis mascotas tienen chip identificatorio, pero no hay una base de datos gubernamental para subir los datos, que además serían útiles en caso de extravío.
Hasta hoy solamente he visto a la autoridad muy dispuesta a castigar al mataperros, pero no a las labores de prevención.
