475 años de la Universidad de México (1551-2026)

Este es el texto que quedó inscrito con letras de oro en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados durante una sesión solemne realizada el pasado 29 de septiembre de 2026, en el Palacio Legislativo de San Lázaro.  

Se trató de uno de los actos que se han celebrado para conmemorar que el 21 de septiembre de 1551, en la villa de Toro, el príncipe —futuro Felipe II— expidió a nombre de su padre el emperador Carlos V, la Cédula Real que dispuso la fundación de la Real Universidad de México. 

Como lo registra Humberto Musacchio, se dispuso que para la fundación se contara con “una dotación inicial de mil pesos oro y los privilegios, franquicias y libertades de que gozaba la Universidad de Salamanca”. Aquel acto implantó en la Nueva España la semilla de la institución cultural, científica y educativa más relevante de la historia de la nación. 

A lo largo de casi cinco siglos, la relación entre la Universidad y el poder político ha atravesado momentos de profunda tensión y transformación. Durante el siglo XIX, el choque entre liberales y conservadores llevó a constantes clausuras y reaperturas, hasta su supresión definitiva en 1865, aunque algunas de sus principales facultades siguieron prestando servicios. 

Fue hasta 1910, gracias a la grandiosa visión educativa de Justo Sierra, que la institución renació como Universidad Nacional de México, concebida como el brazo intelectual del Estado para guiar e impulsar el progreso social. 

El hito trascendente en la definición de su naturaleza jurídica y política ocurrió en 1929, cuando el presidente Emilio Portes Gil declaró: “La Revolución ha puesto en manos de la intelectualidad un precioso legado: la autonomía de la Universidad”.

Después de nuevas tensiones con el gobierno, la vida institucional de la Universidad se consolidó mediante la expedición de la Ley Orgánica de 1945, redactada bajo la impronta de Alfonso Caso. Luego, el 9 de junio de 1980, se publicó la reforma que elevó a rango constitucional la autonomía universitaria.

La autonomía constituye una garantía constitucional para que la Universidad tenga la capacidad para autogobernarse; definir sus planes de estudio y administrar sus recursos a fin de garantizar que la generación del conocimiento responda a criterios de excelencia y rigor, al margen de dogmas ideológicos y de visiones particulares.

El valor primordial de la UNAM reside en su diversidad de pensamiento. Por eso la autonomía constituye el elemento indispensable para proteger la libertad de cátedra, de la investigación científica y el pensamiento crítico frente a las coyunturas políticas. Sergio García Ramírez definía a la autonomía como “el oxígeno que respiramos los universitarios”.

La autonomía no está concebida como un aislamiento del Estado. Así lo reafirmó el rector Leonardo Lomelí Vanegas en el discurso pronunciado ante el Congreso, cuando afirmó que la UNAM mantiene toda la disposición a “sumar esfuerzos con todas las fuerzas políticas aquí representadas, con pleno respeto a la pluralidad y a la independencia académica”.

La UNAM ha forjado en millones de personas la capacidad para cambiar su destino y contribuir al fortalecimiento de la nación; les ha permitido a muchos salir de la pobreza y se ha ganado a pulso el prestigio de ser la mejor institución de educación superior de México y una de las primeras del mundo.

A 475 años de su origen, la UNAM reafirma su fortaleza y compromiso de continuar siendo una institución de educación superior de excelencia, para orgullo de los mexicanos.

Como Corolario, el compromiso que mantiene la UNAM y que el rector Leonardo Lomelí destacó: “Formar con excelencia, investigar con rigor y servir con pasión a México”.