“Puedo cambiar de sexo”
MITO “Puedo cambiar de sexo”. Con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando se presentaron cientos de jóvenes con vestuario estrafalario, convertidos en “mujeres” o mujeres convertidas en “hombres”, alguien comentó que actualmente ya se puede ...
MITO
“Puedo cambiar de sexo”.
Con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando se presentaron cientos de jóvenes con vestuario estrafalario, convertidos en “mujeres” o mujeres convertidas en “hombres”, alguien comentó que actualmente ya se puede cambiar de sexo, lo que es falso.
CONSECUENCIA
La corriente mundial de cambio de género ha invadido al mundo y miles de seres humanos cambian su aspecto, reciben hormonas, se operan los órganos sexuales y creen que cambiaron, pero seguirán siendo individuos masculinos o femeninos porque así está en sus genes.
REALIDAD
Vivimos tiempos que pueden escandalizar a algunos, pero eso nos lleva a ignorar que en todos los siglos, en todo el mundo, las manifestaciones de “cambio de sexo” han sido parte de la cultura; los relatos de Sodoma y Gomorra, los hallazgos en las excavaciones del Vesubio y los relatos de los 41 jóvenes que fueron sorprendidos en una orgía en México nos confirman que esto no es nuevo. Pero lo nuevo es afirmar que actualmente se puede cambiar de sexo, lo que es falso.
El genoma de cada una de las células del organismo humano es sexuado, esto es, tiene dos cromosomas sexuales: XX o XY. Las mujeres típicamente tienen 2 de los mismos cromosomas sexuales, que se escriben como XX; los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y (que se escriben como XY).
Al nacer, las diferencias se acentúan, madurando no sólo las gónadas (testículos y ovarios) y los genitales externos, sino aumentando los aspectos diferenciales de las funciones superiores humanas, incluyendo capacidades neurocognitivas y de conducta. Así lo demuestran los estudios de neuroimagen en adultos: hay un cerebro de mujer y otro de varón (Ingalhalikar et al. PNAS 2014). Todo lo anterior confirma que quien nace hombre siempre tendrá cerebro de hombre y, si nace mujer, será mujer toda su vida.
Quienes desean “cambiar de sexo” pueden inyectarse hormonas o tener amputaciones de los órganos sexuales, pero seguirán siendo hombres o mujeres. En un artículo reciente, Paul Hruz, profesor de pediatría de la Universidad de Washington, en San Luis (Estados Unidos), ha subrayado los graves problemas que puede producir el tratamiento supresor hormonal de la pubertad y la hormonoterapia cruzada en los adolescentes que manifiestan dudas o discordancias en su orientación sexual (Hruz P. Linacre Q 2019). Todo lo anterior contrasta con la disforia de género, una condición que la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5) define como la discordancia que un sujeto manifiesta entre su sexo biológico y su autopercepción sexual. Entre otras complicaciones, esta entidad se asocia a estrés psicológico, trastornos psiquiátricos y una mayor tasa de suicidio.
Hay que destacar que la disforia de género no tiene nada que ver con la homosexualidad. Gays y lesbianas no desean cambiar de sexo, sino que sienten atracción por personas de su mismo sexo. También aquí la genética ha dado una respuesta clara recientemente. En un estudio de cerca de 500,000 personas de Reino Unido y EU, a las que se había realizado un examen completo de su genoma (lo que se conoce como GWAS), no se identificó ningún gen causante de homosexualidad.
Fuera mitos. Respeto a las decisiones de cada quien, pero respeto a la ciencia también.
