Los ojos del viejo

Mi querido viejo: platicando con unos amigos –viejos como yo–, recordamos algunos momentos de nuestras vidas, cuando comenzábamos a explorar el mundo. Algunos tienen muy buena memoria, otros no tanto, pero todos recordamos algunas cosas hermosas y las comparamos con lo ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: platicando con unos amigos –viejos como yo–, recordamos algunos momentos de nuestras vidas, cuando comenzábamos a explorar el mundo. Algunos tienen muy buena memoria, otros no tanto, pero todos recordamos algunas cosas hermosas y las comparamos con lo que ocurre hoy, que es mejor, aunque a veces no tanto.

Todos fuimos deportistas en la adolescencia y juventud, fieles seguidores de nuestros campeones, Atlante y Necaxa; la presencia y la fortaleza de aquellos campeones no se compara con la de los actuales futbolistas, que parecen madonas, que con el más pequeño choque se tiran al piso como si estuvieran muriendo y se interrumpe el juego; además, los actuales futbolistas cobran millonadas, aunque no jueguen, eso afecta al deporte, y los ojos de viejo nos permiten darnos cuenta del triste nivel de nuestro futbol.

Los ojos del viejo pueden señalar algo que es preocupante, porque en casi todas las televisoras se señala: “programa apto para todas las edades”, y ahí vemos, en menos de una hora, asesinatos, robos, asaltos, muertos, heridos, borrachos, etcétera, y se relata con lujo de detalles los horribles actos de los delincuentes. ¿Eso es apto para todas las edades?, y no sólo eso, sino que tal parece que algunos truhanes filman a propósito esas escenas para enviarlas a la televisión. Los relatos de los presentadores casi parecen una invitación a que se sigan realizando esos hechos reprobables. 

Yo recuerdo, cuando era pequeño, que la llamada “nota roja” estaba hasta la última página de periódico y era pequeña, hablaba de un robo o un asalto; y es cierto, hoy vivimos un momento crucial en nuestra sociedad en la que parece que se perdió el respeto a la vida; debemos llamar a la cordura y a la responsabilidad, pero no lo lograremos dando publicidad a la delincuencia.

Y creo que, con los ojos y los oídos de viejo, no me dejarás mentir si te digo que la evolución de la música moderna –con algunas excepciones–, es verdaderamente lamentable: vemos a niñitos y niñitas que gritan, hacen contorsiones, bailan ritmos desordenados, y son aplaudidos por cientos o miles de seguidores; ¿letra?, ¿música?, ¿armonía?, ¿mensaje?, no, sólo frases sueltas, “corridos tumbados” que no dicen nada; mientras recordamos la música, la letra y la armonía de aquellos tríos, compositores, cantores, que alegraron nuestra primera juventud.

Me preguntarás, querido viejo, por qué estoy comentando estos hechos y los comparo con los de nuestra infancia; resulta que hemos vivido una época maravillosa de la humanidad en la que se han conjuntado la ciencia y la tecnología, y cuando antes los teléfonos eran fijos y tenían un disco negro circular, hoy millones de seres humanos viven con un teléfono celular y lo usan todo el tiempo, día y noche, y las ventajas de tener la tecnología se pierden si en lugar de tener una comunicación “humana” de persona a persona, tenemos fotos, tiktoks, likes, y nos perdemos en el infinito mundo de la comunicación estéril.

Los ojos de viejo nos permiten ver todo lo bueno y lo malo que tenemos a nuestro alrededor, y posiblemente platicar con nuestros hijos y nietos al respecto; ¿qué te parece?

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