Comienzo titubeante y azaroso
El mayor peligro de los gobiernoses querer gobernar demasiado.Conde de Mirabeau Todos los gobernantes que inician su misión tienen buenas intenciones, los mejores proyectos, las ideas más lúcidas y un interés legítimo de dejar huella. Hoy vemos los primeros pasos de la ...
El mayor peligro de los gobiernos
es querer gobernar demasiado.
Conde de Mirabeau
Todos los gobernantes que inician su misión tienen buenas intenciones, los mejores proyectos, las ideas más lúcidas y un interés legítimo de dejar huella. Hoy vemos los primeros pasos de la nueva administración, ahora bajo el mando de una mujer, lo que representa algo único en la vida de México. Los análisis y las predicciones son variados, y en estos días es necesario ser totalmente objetivos, dejar a un lado prejuicios y relatar lo que ocurre sin fobias ni filias.
Hay dos aspectos que se necesitan analizar en este principio de Gobierno: los pasos que da la nueva administración en su conjunto, y la actividad de la señora Presidenta, es lógico pensar que habría coincidencia en ambos, pero se necesita confirmarlo.
De entrada, frente a la violencia criminal que ha caracterizado los últimos años que continúa con la misma virulencia, la señora Presidenta decidió presentar su proyecto, que es “más de lo mismo”, porque no se ve por ningún lado un cambio, mientras ella, en sus mañaneras, calla.
Todos los analistas consideran que este sexenio será difícil en muchos aspectos, sobre todo en economía. La señora Presidenta deberá hacer caso a Rogelio Ramírez de la O para superar el gravísimo déficit presupuestal. El mayor problema está en Pemex, que arrastra un déficit monumental; al 30 de junio de 2024, la deuda de Petróleos Mexicanos (Pemex) con proveedores fue de 362.5 mil millones de pesos, y si se agrega que Dos Bocas no produce nada, y hay deficiencias en la mayoría de las refinerías, es un asunto que amerita atención urgente.
Lo mismo se puede decir del sector salud, porque la reingeniería para volver a tener un sistema de salud eficiente no se ve por ningún lado, el desabasto de medicinas es grande, el retraso en consultas y cirugías también; es urgente que se enfoquen las baterías para estructurar un verdadero sistema de salud.
Y así podemos seguir con los demás problemas: las inundaciones en muchas ciudades, los derrumbes por los ciclones, los enfrentamientos entre policías y ciudadanos, y tantos problemas más.
Ahora bien, ¿cómo se ha presentado la señora Presidenta en las “mañaneras”?, ¿se dio cuenta que ella no es igual al que se fue y no puede imitarlo? Por un lado, aparece como conciliadora y recibe a los reporteros, pero sus respuestas son evasivas, titubeantes y, por otro, quiere aparecer como “dura”: ataca a España y niega la hispanidad, se niega a recibir a los miembros de la oposición, ya que “sólo hablará con el pueblo” (sic) y en lugar de fomentar las relaciones internacionales, “manda a la Cancillería” a Ken Salazar, quien no podrá volver a Palacio.
Pero el peor de los problemas ha surgido gracias a la mendacidad de los legisladores, que decidieron acabar con uno de los tres Poderes, el Judicial, y violando todas las leyes, la Constitución y la razón, decidieron con una estúpida “tómbola” aniquilar la vida y el trabajo de años de 454 magistrados y 336 juzgadores federales, lo que viola los más elementales principios y causará gravísimos problemas, no sólo a los cesados —que perderán todo lo hecho en sus vidas—, sino a todos los mexicanos, que quedaremos indefensos ante un juez que puede decidir mi vida o mi libertad.
Nunca se había visto un principio de gobierno, titubeante y azaroso: declaraciones por aquí, promesas por allá, amenazas por acullá, y sobre todo falta de coherencia entre lo dicho y lo hecho. Es triste escuchar a la señora Presidenta hablar del “segundo piso” de la Cuatro Transformación, cuando lo ocurrido en ese sexenio —“el primer piso”— ocasionó la ruina económica, social y moral del país.
Mucho tendremos que trabajar quienes amamos a México para revertir esta situación, que deja al país como una pobre dictadura que no atreve a decir su nombre. Una y otra vez lucharemos por nuestros derechos, porque nacimos libres y libres serán nuestras hijos y nietos.
