Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta… (2)
Usted iniciará una nueva forma de gobernar, con todas las consecuencias que tendrá para los ciudadanos vivir bajo un régimen absolutista
Con motivo de mi artículo del domingo pasado, recibí una serie de mensajes de lectores que también desean conocer lo que piensa la Presidenta electa, porque en estos meses y, en particular, las últimas semanas, sus pronunciamientos fueron oscuros o incompletos, sus respuestas fueron sibilinas o francamente se negó a responder. Faltan ya pocos días para que tome posesión de su cargo, y las especulaciones son muchas, día a día confirmadas o negadas por la realidad.
Señora, Claudia Sheinbaum Pardo: como le comenté la semana pasada, los ciudadanos consideramos importante saber qué está pasando y qué esperamos de su Presidencia. Durante todo el sexenio se pudo conocer día con día quién era Andrés Manuel López Obrador, y aquí dije una y otra vez que era “un peligro para México” y lo dije desde que perdió las elecciones y se puso la banda tricolor en un teatro de la ciudad.
Para muchos mexicanos, aún hoy este Presidente es bueno, para otros es malo y ha causado el mayor daño en la historia de México, y otros se sorprenden de sus acciones y decisiones —vale recordar que “no hay sorpresas, sino sorprendidos”—, hoy todos, de una forma u otra, sabemos quién es, qué ha hecho, qué ha deshecho, sus mentiras y su corrupción, su connivencia con los delincuentes y sicarios, y su herencia con la que usted, señora Presidenta, tendrá que lidiar.
Porque en estos días se ha completado la destrucción del país: desaparece el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Consejo Nacional de Evaluación de Política y Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), la Comisión Nacional para la Mejora Continua de Educación (Mejoredu).
Con esta información, señora Presidenta electa, todo cambia, México será otro y, así, el 1 de octubre cuando usted tome posesión, será formalmente Presidenta, pero no de una República, sino será Presidenta de una dictadura, monda y lironda, con lo cual usted estará a la altura de presidentes/dictadores como Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y otros más.
Y usted podrá decir u ofrecer lo que quiera, en un país que no tiene instituciones independientes, en que los tres Poderes se convirtieron en uno, usted iniciará una nueva forma de gobernar, con todas las consecuencias que tendrá para los ciudadanos vivir bajo un régimen absolutista.
Pero, además, señora Presidenta electa, es posible que en la ola de optimismo que la invada no se haya dado cuenta de la herencia maldita que está recibiendo: pobreza extrema que aumentó, enorme déficit presupuestal, mínimo crecimiento económico, bancarrota de Pemex y CFE, gasolina cara, inflación, importación de 70% de gasolina, aumento de deuda pública, miles de millones sin explicación (ASF), más gastos del Tren Maya, Dos Bocas, etcétera, millones de ciudadanos sin servicios de salud, desaparición de las estancias infantiles y muchos problemas más que le harán reflexionar sobre la bondad de su mentor. Y si a eso añadimos el que el país se convirtió en un narcoestado, con la connivencia entre autoridades y delincuentes, con las cifras de violencia, muerte y destrucción de todos los valores humanos, no le aseguro que pueda dormir tranquila.
Es triste saber que será Presidenta de una dictadura, pero recuerde que los mexicanos somos amantes de la libertad, las leyes, el orden y el progreso, y en su momento, en los últimos dos siglos, combatimos y derrotamos a los dictadores y tiranos que nos oprimieron.
Estoy seguro que, más pronto que tarde, volveremos a ser ciudadanos libres en una República democrática, y si no…. al tiempo.
