Milagro en el Vaticano

Bajo una reproducción en mosaico de El bautismo de Cristo –famoso cuadro del pintor barroco Carlo Maratta, cuyo original se encuentra en la iglesia romana de Santa María de los Ángeles–, los presidentes Donald Trump y Volodímir Zelenski se sentaron 15 minutos a ...

Bajo una reproducción en mosaico de El bautismo de Cristo –famoso cuadro del pintor barroco Carlo Maratta, cuyo original se encuentra en la iglesia romana de Santa María de los Ángeles–, los presidentes Donald Trump y Volodímir Zelenski se sentaron 15 minutos a conversar en dos simples sillas que colocó personal del Vaticano, ante la mirada atenta de dos cardenales, a la entrada de la Capilla del Bautismo de la Basílica de San Pedro. El encuentro fue extraordinario, no sólo por haber sucedido de forma improvisada, sino por ser el primero desde aquella desastrosa reunión de febrero, en el Salón Oval de la Casa Blanca, al final de la cual el presidente ucraniano fue prácticamente echado de la residencia.

Poco se sabe de lo que hablaron –en esos instantes previos al inicio del funeral del papa Francisco, la mañana del sábado–, más allá de lo que pudo recoger un lector de labios, quien detectó que Trump le dijo a Zelenski que el plan era “bueno” y que podía darle “seguridades” al respecto. Pero en las horas siguientes ambos tuvieron palabras elogiosas para el otro, por lo que se considera que avanzaron las posibilidades de poner fin al conflicto con Rusia.

De hecho, Trump, quien hasta ese momento parecía harto del tema, luego de haberse colocado del lado de Vladimir Putin, salió de Roma diciendo que quizá el presidente ruso le ha estado dando por su lado y que tal vez sea necesario forzarlo a negociar mediante nuevas sanciones económicas.

En otro momento, dentro de la propia Basílica de San Pedro, se pudo ver a Trump y Zelenski conversando de pie con el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer. Y, después, durante la misa fúnebre, a Trump dando la paz a quienes se encontraban sentados cerca de él, entre ellos, Macron.

Dado el acomodo de los mandatarios presentes, por orden alfabético en francés, idioma de la diplomacia vaticana, Trump fue colocado entre los presidentes de Finlandia y Estonia, Alexander Stubb y Alar Karis, y lejos del ucraniano Zelenski. Pero dicha prevención resultó innecesaria, pues no hubo momento incómodo entre Trump y Zelenski, quienes ya habían hablado antes de la misa, como lo relato arriba. Por cierto, alguien les había acercado una tercera silla, que fue retirada segundos antes de que ambos se sentaran a platicar.

Lo sucedido en el Vaticano fue de una gran importancia para las relaciones internacionales. Allí se dio una minicumbre mundial, con la presencia de 54 presidentes y primeros ministros, además de 12 monarcas. Ésa es una de las razones por las que es lamentable que la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum haya decidido no asistir. 

Lo escribí aquí la semana pasada y lo comenté en Imagen Radio: hubiera sido una ocasión perfecta para encontrarse, sin compromisos ni ataduras, y en terreno neutral, con los líderes mundiales. Conocerlos y estrechar contactos, para cuando se requiera hablar sobre temas específicos. Ya no se diga, con Trump.

Sin embargo, Sheinbaum decidió dar al funeral del papa Francisco un tratamiento de asunto religioso que no requería su presencia. Eso –lo decía yo también– es difícil de entender, dado que ella buscó un encuentro y una foto con el pontífice durante su campaña electoral, mismos que fueron organizados a toda prisa –y “como un favor especial”, me detalló el fin de semana una fuente de la Iglesia– para no quedarse atrás de su contrincante Xóchitl Gálvez, quien fue recibida por Francisco.

¿Perderá también la Presidenta la oportunidad de asistir a la asunción del nuevo pontífice, cuyo nombre se conocerá dentro de algunos días? Ojalá que no, pues siendo México el segundo país con mayor número de católicos después de Brasil, una nueva ausencia suya sería realmente inexplicable.

Decía Sheinbaum la semana pasada que también la hubieran criticado si hubiera ido al funeral del papa Francisco. Es posible, pero un líder siempre debe hacer lo correcto, más allá de lo que se diga. Y lo correcto, en este caso, era ir a despedir a un hombre que ella ha dicho que admira y quien lideró una institución que puede ser una importante aliada de su gobierno para enfrentar temas difíciles.

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