¿Ya se lo imaginaron de diputado federal?

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Los hijos de los expresidentes de la República casi siempre han sido personajes incómodos. Sobre todo, durante los primeros años después de que sus progenitores dejaron el poder.

No se dice en vano que el año más difícil del sexenio es el séptimo. Los presidentes suelen salir del cargo con una imagen deteriorada, y la mera percepción de que quieren seguir mandando condena a sus hijos a no asomar la cabeza. 

Por eso, los pocos vástagos de expresidentes que tuvieron una carrera política la hicieron cuando habían pasado muchos años de que sus padres se habían alejado de la vida pública. Eso sucedió con Cuauhtémoc Cárdenas, Miguel Alemán Velasco y Enrique de la Madrid, los únicos que han sido legisladores.

Andrés Manuel López Obrador es caso aparte. Junto con Plutarco Elías Calles, es el único que ha conseguido mantener influencia al concluir su mandato y pervivir en el imaginario colectivo pese al agotamiento de su poder formal.

Andy López Beltrán, igual que lo hizo en su tiempo Fito Elías Calles, aspira a mantener vivo el legado de su padre. El segundo de ellos fue secretario de Comunicaciones y Obras Públicas del presidente Lázaro Cárdenas, durante siete meses, hasta que éste se deshizo de él y del resto de los callistas incrustados en su gabinete, en junio de 1935. 

Hoy, Andy aspira a ser diputado federal, algo que, de conseguirlo, sería apenas el quinto caso en la historia en la que el hijo de un expresidente llega al Congreso de la Unión. Los anteriores fueron los tres ya mencionados, además de Benito Juárez Maza, hijo del Benemérito, quien lo hizo durante el Porfiriato. 

La diferencia radicaría en que Andy se convertiría en legislador el 1 de septiembre de 2027, menos de tres años después de que su padre dejó el poder. Y, si no cambian las cosas, lo haría en momentos en que Palenque —lugar donde el expresidente ha vivido desde su “retiro” de la política— proyecta una larga sombra sobre la capital del país.

¿De quién habrá sido la idea de que Andy busque una diputación? Él anunció la decisión junto con su salida de la Secretaría de Organización de Morena, después de una seguidilla de malos resultados electorales a nivel local que se atribuyeron a él. Pero ¿qué factores propiciaron que se fuera a hacer campaña por los pueblos y rancherías del distrito electoral 06 de Tabasco?

¿Lo habrá querido así la presidenta Claudia Sheinbaum, para removerlo de la dirigencia de Morena? ¿Lo habrá pedido el expresidente para colocar a su hijo en posición de aspirar a un cargo mayor en 2030 o, simplemente, para proveerlo de fuero?  

En todo caso, ¿ya se habrán imaginado en el oficialismo qué pasará cuando Andy llegue a San Lázaro? Dependiendo de lo que suceda en los próximos meses, y si se concreta su candidatura, arribará a la Cámara de Diputados, ya sea como mandamás legislativo y correa de transmisión de Palenque… o como apestado. En cualquier caso, su paso por la bancada morenista no será fácil para los demás legisladores del oficialismo ni para el gobierno de Sheinbaum. 

¿Sería coordinador de la bancada o un diputado activo que genere confusión sobre quién tiene el poder real en el grupo parlamentario? O bien, ¿se convertirá en un diputado anodino, como lo fue Cuauhtémoc Blanco, al que sólo le importe el fuero y dedicarse a jugar pádel y a viajar, mientras arrastra la historia de su visa revocada?

Me pongo a pensar si se han hecho esas preguntas en Palacio Nacional. Es relevante, pues si de por sí hay quien cuestiona a quién debe hacerse el mayor caso en el “movimiento de transformación”, esa duda, con la cercanía cada vez mayor de la sucesión presidencial de 2030, sólo habrá de subrayarse con Andy paseándose por el Palacio Legislativo. 

Compitiendo por el distrito que eligió para hacer campaña —sin que nadie se lo cuestionara—, el junior no tendrá muchos obstáculos para llegar a San Lázaro. Sólo podría impedirlo un inesperado rechazo del electorado tabasqueño, que por ahora no se ve en el horizonte, o un manotazo decisivo de la Presidenta.