Calavera con tómbola y acordeón

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Caminaba la Catrina,

buscando por la nación

las ruinas de la mancilla

que marcharon al panteón.

Llegó al templo de la ley,

donde el voto ya expiró,

y al señor de aquel Palenque

toda el área se rindió.

Preguntó por Guadalupe,

la del INE muy galante,

que a los cuates dio una dote

con su firma de contratante.

¡Ay, comadre Taddei, qué gracia!

Tu imparcialidad murió;

en la fría y dura tumba

el gran árbitro durmió.

Los contratos de a montón

fueron para el amigote,

mientras canta un pisaverde

y la huesuda da un azote.

Siguió al Poder Judicial,

sepultado en hondo foso;

los jueces del tribunal

llegaron con alborozo.

Con el acordeón copiado

y la tómbola en la mano,

jueces a modo han llegado

a pisotear al hermano.

Sin saber de la justicia,

con el sello del patrón,

llegaron con gran malicia

a rendirle adoración.

Ya no hay ley ni hay amparo

contra el dedo del señor;

el dedazo fue tan caro

que mató al buen juzgador.

Pasó a ver los contrapesos,

que quedaron en huesito;

al Inai, sin más receso,

por completo lo extinguieron.

La gran transparencia mía

fue sepultada sin tregua;

se acabó la garantía

y el contrato ya no llega.

Nadie sabe de facturas

ni de compras al amigo;

escondiendo todo el gasto,

no dejaron un testigo.

Revisando su Bitácora,

la Parca muy atenta vio

cómo en esta mala hora

toda ley se sepultó.

La 4T hizo el milagro

de enterrar la libertad;

hoy mandan el dogma sacro

y la oscura opacidad.

Ya no hay INE de certeza

ni ministros de verdad;

sólo manda la tristeza

y la ciega necedad.

Se llevaron la autonomía

con los votos de la mano;

se acabó la garantía

de este pobre pueblo hermano.

Gritó la Muerte en su viaje:

—¡Aquí mataron la ley!

Y cerrando el reportaje,

aplaudió feliz al rey.

Descansen en paz las leyes,

la justicia y la razón,

la verdad y el buen derecho

de esta triste gran región.