La victoria y el fracaso son dos impostores
y hay que recibirlos con idéntica serenidad
y con saludable punto de desdén.
Rudyard Kipling
Serenidad significa, según la RAE, cualidad de sereno, y sereno, a su vez, y según la misma fuente, significa claro, apacible, sosegado y sin turbación física o moral. En lo que respecta a una persona clara, es aquella sincera y directa en sus manifestaciones; apacible es quien tiene buen temple, es tranquilo y agradable; sosegado es aquel quieto y pacífico naturalmente o por su genio; y sin perturbación, que no pierde el juicio… la cordura, la razón.
Resignación significa entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona; conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades.
Uno de los principios básicos que debemos asumir para tener una vida buena es comprender que las situaciones no serán siempre como nos gustaría que fuesen. La vida siempre nos sorprende para bien o para mal, así es la vida… el mayor y mejor entrenamiento para conocernos más a nosotros mismos y superarnos. Y no, tampoco podremos elegir siempre lo que nos sucede ni seremos siempre responsables de ello. Lo que sí dependerá siempre de nosotros es lo que decidimos hacer con lo que haya sucedido.
Desde la actitud con la que lo enfrentemos hasta la selección de los pensamientos, sentimientos y emociones que nos permitamos experimentar, incluso el tiempo que hemos de dedicarle. Sí bien no hemos podido elegir muchas veces el principio de tantas cosas en nuestra vida, siempre podremos elegir su final. Y eso es maravilloso porque es en esa elección —quizá la más importante— donde nos resolvemos a nosotros mismos, dónde evolucionamos, dónde verdaderamente elegimos lo que mejor conviene a nuestra vida.
Y estos momentos son, sin lugar a duda, los momentos más complicados y complejos. Cuando la vida apremia, cuando las circunstancias son ambiguas… confusas, cuando todo es incertidumbre, en ese breve espacio pronosticador del caos, ahí es donde más necesitamos serenidad… no resignación.
La resignación no convence a los inteligentes, no apacigua las emociones, no genera la valentía necesaria para enfrentar las circunstancias. La resignación desgasta y cansa porque es como la imposición involuntaria de una conducta y de un autocontrol obstinado que no genera más que un círculo de frustración y tristeza. La serenidad, en cambio, canaliza la energía hacia nuevas oportunidades de pensamiento y regenera las emociones, los sentimientos y la actitud. La serenidad es un estado físico y mental que nos permite adoptar una actitud adecuada ante lo que nos sucede.
Por eso hoy lo invito a saber identificar la serenidad de la resignación, la primera genera paz, la segunda, frustración, la primera permite pensar claramente, la segunda no, la primera nos mantiene enfocados en las mejoras, la segunda nos mantiene enfocados en el problema. Y lo más importante, la primera nos hace tomar las riendas de nuestra vida; la segunda, que alguien más las tome.
La vida es un ir y venir, un cúmulo de buenos y malos momentos, tendremos épocas maravillosas y otras que no lo serán tanto, tendremos éxito y también fracasaremos, estaremos solos, nacerán unos, se irán otros, la vida está en continuo movimiento, por eso es tan importante aprender a mantener el equilibrio en esa continua oscilación. La serenidad nos ayuda a mantener y procurar ese punto de equilibrio y nos permite seguir avanzando sea como sea que se presente la realidad.
Las emociones nos hacen humanos, no podremos negarlas ni omitirlas, por el contrario, debemos identificarlas y saber cómo utilizarlas a nuestro favor y lo único que nos permite hacerlo es el pensamiento que elegimos que acompañe esas emociones y la serenidad es lo único que nos permitirá esa claridad necesaria para canalizar de forma positiva esos pensamientos. Por esa razón… no necesitamos practicar la resignación ni tampoco invitar a nadie a que la practique, necesitamos aplicar la serenidad a nuestra vida y ayudar a quien lo necesite a que la sienta también. Como siempre, usted elige.
¡Felices serenidades, felices vidas!
