Empatía vs. hipocresía
Todos necesitamos ese espacio donde nos sabemos queridos y escuchados

Paola Domínguez Boullosa
La coach
La hipocresía es un homenaje
que el vicio rinde a la virtud.
François de La Rochefoucauld
La RAE define empatía como el sentimiento de identificación con algo o alguien y, también, como la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. La misma fuente define la hipocresía como el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o se experimentan.
La empatía es una cualidad personal, es también un valor característico de la persona. Se puede tener, no tener o fingir que se tiene, pero… el que la finge no es empático, es un hipócrita. La empatía es una habilidad muy valorada socialmente y algunas personas carentes naturalmente de ella deciden utilizar la hipocresía, en lugar de esforzarse en ser más empáticos. El individualismo suele potenciar este tipo de conductas, dónde nadie se preocupa realmente por el prójimo, pero finge hacerlo, con el fin de conseguir algo o para no sentirse excluidos o juzgados. La hipocresía es eso, fingir un sentimiento contrario al que realmente se siente.
Definitivamente no es lo mismo fingir que se es a ser… Quienes fingen mienten y, peor aún, se mienten así mismos con la finalidad de conseguir algo a través de medios no genuinos. Este es un caso frecuente: personas que deciden vivir buscando la aceptación de los demás que su propia aceptación. Increíble por donde se mire porque cuesta —si cabe— más trabajo fingir que se es empático que serlo. Y puede ser que no se tenga esa habilidad o no se desee desarrollarla, pero es mejor reconocer que no somos empáticos, que ser hipócritas, pues por lo menos primaría la autenticidad, que es, desafortunadamente, un valor escaso en estos tiempos.
Lo cierto es que si alguien está interesado en desarrollar la empatía, puede hacerlo aprendiendo a escuchar a los demás de forma activa y sin prejuicios ni juicios de valor, mostrando interés por lo que se escucha e intentando comprender lo que nos dicen y quién nos lo dice, y siempre poniéndonos en su lugar, evitando nuestro punto de vista, pensando desde el punto de vista de esa persona. Recuerde que, cuando alguien nos cuenta algo, lo más importante es preguntar cómo podemos ayudarlo y no tanto dar consuelo o soluciones, es importante no interrumpir y ser pacientes y tolerantes. Pudiera ser que esto no resulte tan sencillo de practicar, pero todos podemos hacerlo o, por lo menos, intentarlo. Le aseguro que los beneficios son muy positivos incluso para uno mismo.
Al final, todos necesitamos ese espacio donde nos sabemos queridos y escuchados, donde podemos ser nosotros mismos y, por supuesto, donde sintamos esa aceptación de forma genuina y real. Está claro que no vamos a conectar a ese nivel con todos, sin embargo, es necesario que podamos ser sensibles y comprensivos ante la realidad de los demás.
Por eso hoy lo invito a ser, a desarrollar la empatía o, por lo menos, la sensibilidad ante otras vidas y otras realidades.. No se imagina lo que puede aprender de los demás y de usted mismo.
Créame, siempre es una bendición que podamos hacer la vida más agradable a nosotros mismos y a los demás, recuerde que será mejor ser agradecido por estar en el lugar de quien ayuda al prójimo y no en el lugar de quien padece un problema o necesita ayuda. Si podemos ayudar, si podemos tener una palabra de aliento o un gesto amable, es suficiente, pero ese acercamiento deberá ser genuino y real.
La vida da muchas vueltas y la verdad siempre sale a la luz, por eso insisto: sea usted mismo, respete su esencia y procure ser mejor ser humano cada día. La hipocresía no conduce más que la propia incomprensión y al desconocimiento de uno mismo y eso, le aseguro, sí es un grave problema. Como siempre, usted elige.
¡Felices empatías, felices vidas!