De lo imperfecto (V), soberbia

La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió. Francisco de Quevedo La perfección lo hace a uno soberbio. La RAE define soberbia como altivez o apetito desordenado de ser preferido a otros; satisfacción y envanecimiento por la contemplación de ...

La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió. Francisco de Quevedo

La perfección lo hace a uno soberbio. La RAE define soberbia como altivez o apetito desordenado de ser preferido a otros; satisfacción y envanecimiento por la contemplación de lo propio con menosprecio de los demás; exceso de magnificencia, suntuosidad o pompa (…) cólera o ira expresada con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas.

La soberbia es producto de la insatisfacción de comparar-se a sí mismo y al mundo con los estándares idealistas del que cree que todo lo puede. Es ese autonombrado perfeccionista que vive frustrado ante la imposibilidad de no fracasar, de no ser visto como menos, de no intentarlo por miedo a dejar de ser lo que se ha creído que es y por defender esa imagen de quien todo lo puede, de quien nada ni a nadie necesita. El perfeccionista es un ser humano isla, aislado, antagónico siempre en el vivir cotidiano, crítico meticuloso, observador agudo y mordaz de un entorno que menosprecia. El perfeccionista lo mira todo exiguo e insuficiente… y qué se puede esperar, uno mira sólo desde el punto y el ángulo que decide ver, desde sí mismo en referencia a todo lo demás… de ahí su soberbia, que todo lo ve desde su propia pequeñez, porque esa falta de valor propio es lo que tiene el perfecto, ese miedo a conocerse a sí mismo y saberse vulnerable, humano e imperfecto.

No, el perfeccionista, el soberbio, no tiene la valentía de arrodillarse frente a sí mismo y frente a la vida, confunde el ego con amor propio porque no se ve a sí mismo… sólo ve la proyección de su sombra, que le hincha, que le inflama, que le engrandece, por eso siempre viven de triunfos pasados, por eso no evolucionan ni se transforman ni cambian… La soberbia es enemiga de los cambios, por eso les aísla, por eso les reprime, por eso les angustia.

La humildad es el primer paso para re-conocer quiénes somos, acceder a nuestra libertad y a nuestra autenticidad, la humildad te permite reinventarte una y mil veces, la humildad te contiene, te refuerza, te anima, te hace valiente frente a la adversidad, te permite buscar ayuda, acceder a lo desconocido y, sobre todo, valorarte a ti mismo, a tu historia, a tu vida y a todos aquellos que han estado ahí para enseñar-te algo bueno, o malo, pero para enseñarte más de ti.

La humildad se define, según la RAE, como la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento, es la sumisión o el rendimiento… Y esto no lo permite la perfección, la perfección no sabe de limitaciones ni admite las debilidades, mucho menos se somete al conocimiento de la verdadera esencia de sí mismo, tampoco se respeta rindiéndose frente a lo que realmente desea y quisiera para su propia vida.

Hace falta carácter, temperamento y una alta dosis de empatía y seguridad en uno mismo para ser humilde, para hablarnos a nosotros mismos con la verdad y para vivir de acuerdo con esa verdad y potenciarla a nuestro favor. Por eso hoy le invito, una vez más, a dejar ese idealismo surrealista y macabro de la perfección, a dejar la soberbia a un lado y a ser humilde con usted y con su entorno. La vida para nadie es sencilla, pero depende de nosotros mismos padecerla o disfrutarla. Airear bandera contra uno, al yugo de las limitaciones que exige la perfección, es atentar contra sí mismo e insistir en atentar contra todo y todos los demás.

Créame, no confunda el ego con el amor propio ni con la dignidad, deje de ser y sentirse víctima de un entorno que parece que le queda estrecho y recortado, porque ésa no es la vida… es la visión que ha elegido para ver la vida, lo cual es muy diferente; trabaje en su autoconocimiento, en su libertad y en lo que desea para su vida y arranque de tajo esa necedad oblicua que no le deja ser. Deje de mirar la vida desde su trono impostor y camine descalzo… le aseguro que la realidad se ve mucho mejor a ras de suelo, sienta la vida porque esa es la única forma de vivir y vivirse. Como siempre, usted elige.

¡Felices imperfecciones, felices vidas!

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